Hundan al Bismarck

| La Royal Navy hundió al acorazado alemán DKM Bismarck en mayo de 1941, en una de las mayores batallas marítimas del siglo XX.

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Lo que muchos abonados a la televisión por cable podrán ver esta noche, de 21 a 23 horas por el Discovery Channel, se titula Una expedición de James Cameron: Bismarck. Consiste en la espectacular expedición submarina que rastreó los restos del acorazado alemán, recostado al lecho del Atlántico a 4.781 metros de profundidad frente a la costa francesa de Bretaña. Sobre ese punto geográfico, la enorme nave había sido hundida por una flota británica que en mayo de 1941 la persiguió a través del Atlántico norte con particular obstinación: esa tenacidad inglesa obedecía a lo que había ocurrido pocos días antes en el canal marítimo conocido como Estrecho de Dinamarca, entre Islandia y Groenlandia, donde el Bismarck y su nave auxiliar, el Prinz Eugen, habían hundido al crucero pesado británico HMS Hood, que era la nave insignia de la Armada Real y era además un buque muy amado por la opinión pública inglesa.

El episodio —donde además murieron 1.415 hombres, sobreviviendo sólo tres— estremeció a la Royal Navy, que comenzó entonces la persecución del Bismarck. Muy veloz y moderno (había sido botado el 14 de febrero de 1939) el acorazado procuró escapar dirigiéndose hacia puertos franceses del Atlántico, a la fecha en poder de los alemanes. Cuando parecía probable que el enorme barco eludiera el cerco de sus perseguidores, un avión británico de reconocimiento divisó entre las nubes su inconfundible silueta y transmitió la ubicación a las naves que lo buscaban. Allí comenzó la batalla final, en la que unidades inglesas como el Norfolk, el King George V y el Dorsetshire torpedearon al buque alemán hasta hundirlo. Versiones más recientes, aunque no confirmadas, desmienten esa versión e insinúan que habrían sido los propios alemanes quienes provocaron el hundimiento del Bismarck empleando cargas de profundidad, para quitar a los ingleses esa victoria que figuró desde entonces entre las hazañas marítimas de la Segunda Guerra Mundial.

SOBREVIVIENTES. De cualquier manera, la pérdida de la nave significó también la muerte de casi todos sus 2.000 tripulantes y oficiales, de los que sobrevivieron apenas 115. Dos de ellos —Walter Weintz de 80 años y Karl Kuhn de 79— acompañaron ahora a James Cameron en su expedición submarina y operaron como asesores sobre el Bismarck, la propia batalla y la circunstancia de su hundimiento, secundados en la ocasión por los historiadores Holger Herwig y David Bercuson, que son los autores del libro La destrucción del Bismarck y también integraron la tripulación de Cameron para brindar su perspectiva histórica y su copiosa información sobre aquel acontecimiento naval.

La empresa fue ardua, guiándose por el hallazgo realizado en junio de 1989, cuando un equipo de arqueólogos navales encontraron y fotografiaron el casco del Bismarck, recostado sobre la ladera de una montaña submarina. Una vez logrado ese objetivo, el documental debió llevar hacia las profundidades oceánicas algunos sumergibles no tripulados para examinar el casco por dentro y por fuera. El caso parece tocar doblemente a veteranos espectadores uruguayos, que en diciembre de 1939 fueron testigos de la Batalla del Río de la Plata y del hundimiento del Admiral Graf Spee delante del puerto de Montevideo. Pero también toca de cerca al propio Cameron, un realizador cinematográfico canadiense que multiplicó su fama gracias a otro naufragio: el del Titanic, convertido hace cinco años en una película no sólo enorme sino muy exitosa y premiada. Fascinado por la historia de un barco de guerra que igualmente se fue a pique, el director se propuso descubrir los secretos del Bismarck aunque eso significara descender literalmente al abismo.

SUBMARINOS. El equipo técnico bajo su comando empleó imágenes submarinas del barco, manejando cámaras especiales y robots creados para películas anteriores de Cameron (incluida la investigación de los restos del Titanic frente a las costas norteamericanas) y desarrollados especialmente para explorar naufragios. Bajar a más de 4.000 metros de profundidad demandaba un gasto colosal, además de precisiones y cálculos: todo fue patrocinado por Discovery Channel. Gracias a los sorprendentes artefactos, muchos televidentes podrán esta noche observar con detalle el exterior y el interior del Bismarck. El programa armado por Cameron combina imágenes submarinas con entrevistas, opiniones de historiadores, material de archivo procedente de la guerra mundial y testimonios de los sobrevivientes de la batalla.

Una expedición de James Cameron investiga qué fue lo que realmente hundió al Bismarck. Producida por Andrew Wright, la película documental escrita y dirigida por Cameron tiene a Steve Burns y Clark Bunting, otros fanáticos de la búsqueda submarina, como productores ejecutivos. El viaje al centro del Atlántico en busca del acorazado se cumplió a bordo del buque Akademik Mstislav Keldysh, operado por el Instituto de Oceanografía de la Academia Rusa de Ciencias, utilizándose los sumergibles Mir-1 y Mir-2, que son dos de los cuatro existentes en el mundo capaces de descender hasta 6.000 metros de profundidad. A uno de ellos le fue instalada una cámara en tres dimensiones, mientras los vehículos a control remoto robotizados fueron diseñados y construidos por Mike, el hermano de Cameron. Esos vehículos exigieron un trabajo de elaboración de tres años a un costo de 1.250.000 dólares cada uno. Lanzados desde la plataforma del Mir-1, esos robots trabajan a gran profundidad y pueden moverse por el interior de un barco hundido sin tener que rebobinar el cable, que es su cordón umbilical, permitiéndoles ingresar a espacios muy reducidos y salir de ellos por cualquier agujero que se encuentre a mano.

RECUERDOS. Las imágenes submarinas del documental fueron filmadas con un flamante sistema de cámaras en 3-D desarrollado por Panavision y Sony. Así los curiosos que echen hoy por televisión ese largo vistazo al Bismarck, sabrán finalmente cómo se hundió y qué queda de él al cabo de 62 años. Colocado en agosto de 1940 al mando del capitán Ernst Lindemann, el acorazado había partido el 18 de mayo de 1941 del puerto de Gotenhafen, con el almirante Günther Lütjens a cargo de la flotilla, acompañado por el destructor Prinz Eugen. Nueve días más tarde, habiendo sufrido daños en uno de sus timones bajo el fuego británico, desapareció de la superficie arrastrando con él a 1.885 hombres. En infracción de las leyes internacionales, el Bismarck tenía en el momento de su botadura 50.000 toneladas (15.000 más del máximo autorizado). El 40 por ciento de su casco había sido construido con placas de metal blindado. Contaba con ocho cañones de 38 cm. y doce de 15 cm., capaces de lanzar disparos a 30 kilómetros de distancia. Su velocidad alcanzaba los 30 nudos, pero ni eso sirvió para prolongar su breve existencia, que ahora permite evocar un famoso encuentro de la Segunda Guerra Mundial y recordar de paso —bajo la amenaza de otra guerra inminente que pesa hoy sobre la humanidad— las masacres que se sufren detrás de los sucesos heroicos. En los pocos días que duró el torneo naval entre el Bismarck y la escuadra inglesa, murieron 3.200 hombres aunque la historia prefiere olvidar esa pérdida y retener solamente el fragor.

Ahora filmará al "Prestige"

PARIS (ANSA) - James Cameron, director de la galardonada película "Titanic", realizará una filmación de los restos del barco petrolero liberiano "Prestige", que se hundió frente a las costas españolas.

"Utilizaré todos los medios necesarios", dijo el director de 48 años.

Después de los éxitos de la serie "Terminator", Cameron se dedicó a otra de sus pasiones: los abismos marinos.

En 1989 rodó "Abyss", aunque en ese caso se trató de una reconstrucción virtual de las profundidades oceánicas, gracias al uso de computadoras.

Luego fue el turno de la tragedia del Titanic, en el film que interpretaron Kate Winslet y Leonardo Di Caprio.

En mayo último Cameron filmó a 4.790 metros de profundidad al "Bismarck", acorazado alemán hundido por los ingleses en 1941.

Para filmar el "Prestige", petrolero que naufragó en noviembre sobre las costas de Galicia, y que está contaminado el litoral español y francés, Cameron decidió realizar el documental en sistema Imax, técnica que permite luego proyectar la película en pantallas especiales.

"El Imax te da la impresión de estar dentro de las imágenes", explicó Cameron al semanario francés VSD.

Opiniones de James Cameron

"La expedición al Bismarck tuvo todo lo que me fascina —dijo el director James Cameron— desde cine y buceo submarino hasta ciencia, historia y tecnología. Igual que con el Titanic, en el proyecto Bismarck pude trabajar sobre un drama humano en el sitio mismo donde tuvieron lugar los hechos, al margen de lo cual el hundimiento de ese acorazado fue un suceso de enorme importancia dentro de la historia del siglo XX. Como parte de la sociedad actual, tenemos la obligación de recordar el pasado, y los documentales son una poderosa herramienta para estimular ese recuerdo. Muchos cientos de jóvenes marineros murieron a bordo del Bismarck y de otros barcos que le hicieron frente antes de mandarlo al lugar donde ahora reposa, pero más allá de aquella masacre esos buques tuvieron un poderoso valor simbólico, y por ello su exploración es tan válida".

Y luego Cameron agrega: "Creo que a un barco que descansa en el fondo del mar le sucede algo asombroso: se genera en torno de él una sensación de respeto. El Titanic y el Bismarck se mantendrán allá abajo durante cientos de años y eventualmente irán convirtiéndose en un montón de óxido, pero será un proceso muy lento. Por ahora es como si estuvieran congelados en el tiempo. Perduran como magníficos monumentos en el silencio del lecho oceánico".

"Para nosotros —sostiene el realizador— este proyecto no sólo trató acerca del barco y su naufragio, sino que se convirtió en una historia humana. Nuestra puerta hacia esa historia humana era abierta por los sobrevivientes, dos de los cuales nos acompañaron en la expedición. Ellos se convirtieron en una ventana hacia el pasado, una lente a través de la cual revivimos el hundimiento y sentimos la emoción de quienes vieron al Bismarck por primera vez, el orgullo de ser un tripulante a bordo de ese barco que parecía invencible. Logramos incluso comparar los agujeros en el casco con el relato que los sobrevivientes hicieron luego de ver morir a sus amigos y aún después de que ellos mismos consiguieron escapar y cayeron inconscientes. Los testimonios de los dos hombres que viajaron con nosotros, y de muchos otros que entrevistamos hace un año en Hamburgo, han devuelto a la luz esta historia de la guerra".

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