El Doctor y el Caudillo. "No fue tan fácil la tarea de
llegar al ejército revolucionario. Se dirigieron a la sierra
de Minas, donde tenían noticia que se hallaba; pero al
llegar se encontraron que el ejército había levantado
campamento y seguía rumbo a Migues. El break tuvo
que seguir las huellas del ejército, que iba a marchas
forzadas. Al fin, a las 9 de la noche, se vio detenido el
break por una guardia revolucionaria, que lo hizo hacer
alto. En esas circunstancias llega hasta la guardia un
jinete joven y bizarro que desmonta y se adelanta,
saludando al doctor Ramírez en esta forma:
—¿Cómo está, doctor?
El doctor Ramírez, sorprendido de verse saludado así
por un desconocido, le replica:
—¿Cómo, usted me conoce? ¿Y usted, quién es?
—Yo soy Aparicio Saravia.
—Pues vengo en su busca, y me alegro mucho de
encontrarlo..."
(De "Saravia, el Caudillo y su tiempo", por Alfredo
Castellanos).
Proclama de Lucas Píriz. Eran los dramáticos días de
diciembre de 1864, cuando se acercaba el final para
aquellos héroes de Paysandú. Pero, aún conociendo
la desventajosa situación, Lucas Píriz hizo una valiente
proclama a sus compañeros de armas:
"¡Independencia o muerte!
Paysandú, Diciembre 26 de 1864.
El Jefe de la línea, a sus compañeros de armas:
¡Soldados de Paysandú y Salto!
¡Guardias nacionales y tropas de línea!
El enemigo quiere ostentar con aparatos que trae más
fuerza para pelearnos y no son más que los mismos a
quienes vosotros habéis acobardado y corrido
vergonzosamente. Ojalá se animaran a acercarse a
nuestras trincheras para probarles una vez más
nuestro patriotismo y decisión, concluyendo con esos
miserables pero no lo harán, por cierto, porque bien
saben que vosotros habéis dado ya un ejemplo con
vuestra bravura.
Un momento más de constancia soldados, y habréis
descansado de vuestras fatigas.
¡Viva el Presidente de la República!
¡Viva nuestro General don Leandro Gómez!
¡Viva la valiente guarnición de Paysandú!
¡Mueran los traidores a su patria!
¡Mueran sus aliados los cobardes brasileros!
Vuestro amigo y compañero
Lucas Piriz."
Después de Tupambaé 1904. Había terminado la
batalla. 290 muertos de ambas partes y 1.170 heridos
en total. "Al siguiente día Aparicio llamó a reunión de
jefes. Gregorio Lamas, juzgando desde su punto de
vista de militar profesional, opinó que la revolución
estaba perdida por falta de armas y de perspectivas de
obtenerlas con la necesaria premura. La mayoría de
los coroneles se pronunció por el repliegue inmediato.
El dictamen de Aparicio reveló una apreciación mucho
más amplia de la realidad:
—El ejército se arrimará algo a la frontera en espera
de recursos, pero yo me quedo aquí. Esta gente está
más jodida que nosotros. Apenas los avancemos, van
a dar vuelta. Yo los voy a cargar con las divisiones de
Nepomuceno, de Pancho y de Mariano (su hijo y sus
hermanos).
—Y con la mía, si usted quiere, General— completó
Basilio Muñoz hijo".
(De "Aparicio Saravia", por C. Enrique Mena Segarra).