Argentina remató a lo campeón

| Los albicelestes se consagraron al vencer a Colombia con un golazo de tiro libre anotado por Cavenaghi

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IGNACIO QUARTINO

Palo/ palo/ palo/ palo bonito/ palo... eeehhh/ somos campeones otra vez!".

El canto partía del puñado de argentinos que se arrimó al Centenario para ver a "la Argentina" campeona del Torneo Juventudes de América, después de vencer en forma merecida a Colombia por 1 a 0.

Un golazo de Fernando Cavenaghi sentenció el pleito. La imagen del gol fue muy silmilar a la de un Torneo Sudamericano, pero de mayores, cuando desde la misma distancia Pablo Bengoechea definía parte de la suerte Uruguay en el Copa América de 1995. Los pocos uruguayos que estaban en el Centenario lo recordaron en forma casi instantánea, aunque con bronca y mucha nostalgia.

La Argentina campeona no fue quizá "la banda del gol y el toque" que Pekerman juntó en torneos juveniles anteriores, pero fue sólida, muy sólida. Tanto, que le dio para superar en esta final improvisada a Colombia, que no dio el brazo a torcer en todo el partido. Es más, fue más ordenado y hasta más querendón que su oponente en varios lapsos del primer tiempo. Abajo, conformaron un bloque difícil de derrumbar para los albicelestes. Una constante fue ver a siete u ocho colombianos en su propia área, agazapados para dar el zarpazo y ejecutar un contragolpe a las carreras de Ruiz y Montaño que culminabanban las jugadas en el área de Ebereto, pero sin exito.

Ni la maña de Tévez, con esa moña y encare endiablado, ni los desbordes de Rivas por la punta izquierda, eran suficientes para generar peligro al área colombiana. Claro, los caribeños, con el correr las fechas se mostraron como un equipo tosco, que abusaba de faltas para detener los embates del rival y ayer lo pagó caro. Una mano cerca del área generó el tiro libre que ejecutó Cavenaghi y transformó en gol.

De nuevo la imagen, ese remate que hacía recordar una vez más el remate de Bengoechea: mismo arco —el de la Colombes—, mismo sector de la cancha y misma reacción del arquerro —esta vez fue Landazuri el que ni se tiró, como Taffarel hace 7 años—. Argentina campeón. Uruguay, en su casa, vio la vuelta por TV.

Un "Toro" generoso

Gustavo Eberto, Javier Mascherano y Fernando Cavenaghi conformaron la columna vertebral del campeón.

A Eberto le correspondió el premio a la seguridad. El golerito que ataja en Boca nunca dejó lugar a la duda. Por más tramposo que resultara el pique de la pelota, el arquero siempre se las ingenió para hacerse del balón.

Para Mascherano fue el premio a la solidez. Fue una especie de pacman que apareció en todos los sectores del mediocampo argentino. Juega en River y tiene alma de jefe, quizá sea el futuro Leonardo Astrada de los millonarios.

Por último Cavenaghi, hombre gol y del campeonato. Su premio es al oportunismo. A cada pelota que toca la seduce para que su destino final sea la red. Por su potencia es un Toro —como le dicen—, un Toro generoso que hace jugar a sus compañeros.

"Paco" en la Olímpica

SORPRESA - En la Tribuna Olímpica volvió a aparecer la bandera gigante que, con el emblema de un indio —supuestamente charrúa— y un gran 1950, se había hecho presente en las últimas Eliminatorias, a partir del partido contra Brasil, cada vez que Uruguay jugó en el Centenario. La novedad en esta ocasión estuvo constituída por la leyenda que se le había agregado: "otra celeste es posible", enfatizaban las letras negras, debajo de las cuales su sumó un rectángulo, también negro, con letras en este caso blancas, que decía "sin Paco".

CALIFICACION - Hugo Tocalli, el técnico de Argentina, dijo que "a este equipo, si tengo que darle un puntaje, creo que está en el 60% de su potencial".

MEDIOCAMPO - El entrenador agregó que "sabemos que estos jugadores tienen un potencial grande de futuro", y luego reveló que "la clave de este partido fue buscarlo desde el primer minuto, cortar el juego de Colombia en la mitad de la cancha".

AMBICION - El técnico de Colombia, Reinaldo Rueda, consideró que su equipo cumplió pero que "quedaron cosas por mejorar", agregando posteriormente que "también faltó un poco de ambición".

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