Peligros bajo las aguas

| Harrison Ford interpreta a un veterano capitán que dirigió la nave en un operativo de alto riesgo

Hay un hecho real en la base de K-19, historia militar y de suspenso que va desde hoy en varios cines. El episodio ocurrió en plena guerra fría, en los días más álgidos de la carrera armamentista entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y se desencadenó cuando el reactor nuclear de un submarino estratégico soviético amenazó estallar, arriesgando no solamente matar a toda la tripulación sino también provocar un enfrentamiento bélico entre las superpotencias de la Guerra Fría.

El episodio tomó estado público recién luego de la caída de la URSS, cuando los archivos de los servicios de inteligencia política y militar, KGB y GRU respectivamente, fueron abiertos a historiadores, investigadores y la opinión pública internacional. En 1961, los ingenieros militares soviéticos lograron diseñar el primer "submarino estratégico", o sea uno con capacidad para lanzar un ataque con misiles atómicos y con un reactor nuclear como fuente de energía.

La llegada del K-19 a la armada soviética era esperada con gran ansiedad por los comandantes navales, ya que emparejaba la desfavorable carrera armamentista que la URSS mantenía con Estados Unidos, calculada en ese entonces como un liderazgo estadounidense en potencia nuclear de cinco a uno. De ahí la impaciencia con la que las fuerzas armadas soviéticas manejaron todo lo concerniente a la primera misión del K-19. Con escasas pruebas previas, el primer ensayo general del K-19 reveló serias carencias técnicas, aunque eso no disuadió al comando mayor naval de seguir adelante con el plan establecido. Pero el capitán designado para la misión Mikhail Polenin (Liam Neeson), fue responsabilizado por el fallido ensayo general y un nuevo oficial (Alexei Vostrikov, encarnado por Harrison Ford), con fama de eficiente, es puesto al mando. Sin embargo, Polenin también participa de la misión y entre los dos oficiales surgen, naturalmente, conflictos que se acentuarán cuando el peligro se vuelva cada vez más inminente.

La directora Kathryn Bigelow, que estuvo casada con James Cameron y cuyos antecedentes incluyen entre otros títulos Punto de quiebra y Días extraños, ha contado que supo por primera vez del asunto en 1994, y de inmediato comprendió que tenía "todos los elementos para una películas dramática. Había un factor de suspenso, como un reloj haciendo ‘tic-tac’, que era parte de la historia por el hecho de que el reactor nuclear podía estallar. Pero había también una fuerte dosis de heroísmo y valentía por parte de la tripulación que me atrajo mucho".

Bigelow fue encarada por representantes de la Fundación National Geographic, quienes deseaban hacer la primera película de ficción de la institución. Según Christine Whitaker, presidenta de la sección fílmica de la National Geographic, "Bigelow entendió inmediatamente qué clase de historia había que contar". Para ello, la directora viajó varias veces a Rusia y se entrevistó con algunos de los sobrevivientes de la primera misión del K-19, varias de las viudas de los marinos que estuvieron en ese viaje y también con numerosos expertos nucleares y militares, tanto rusos como estadounidenses.

Más allá de que la pareja protagónica de K-19 esté constituida por dos estrellas hollywoodenses de fuste, el elenco de la película fue elegido, según Bigelow, para que reflejara la diversidad étnica que conformaban las fuerzas armadas soviéticas, que reclutaban soldados de todas las quince repúblicas que integraban la unión. Por esa razón, en K-19 hay actores ingleses, rusos, escandinavos, canadienses e islandeses.

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