Un año que comenzamos siguiendo con expectativa los sucesos argentinos, y que nos hacían avizorar y temer por lo que podría suceder en nuestro país.
Lamentablemente lo peor finalmente sucedió. La crisis llegó y se instaló. Los orientales nos hemos ido acostumbrando a hechos y circunstancias que solamente conocíamos por referencias históricas. Así, expresiones como "corrida bancaria; "crisis del sistema financiero"; "dificultad para pagar las jubilaciones y los aguinaldos", que no se escuchaban desde hacía 30 o 40 años, se han instalado nuevamente en la consideración pública.
Decíamos que nos sentimos frustrados porque de alguna manera todo el esfuerzo realizado a partir de la crisis de 1982 se derrumbó. Pero, frustrados también, porque en esta crisis en la que los factores externos jugaron tan importante papel, Uruguay no está exento de culpa..
Contemplamos con expectativa la instalación del gobierno del Dr. Batlle. El Partido, tal como se comprometiera, puso sus mejores hombres a disposición del Presidente de la República, y aseguró el apoyo parlamentario necesario para las iniciativas de resorte no administrativo.
Desgraciadamente, los tres años transcurridos se caracterizaron por la inacción y por los anuncios de realizaciones no acompañados de los actos puntuales y necesarios para la consecución de los objetivos preanunciados.
Si nos lamentamos por lo no hecho en los dos primeros años de gestión, más lo hacemos por lo no hecho el año que estamos finalizando. Sabemos perfectamente que hay temas difíciles de tocar, pero, si el deber del gobernante es afrontar los problemas y procurarles solución, más lo es cuando nuestro país vive circunstancias excepcionales.
Cualquiera sea el tópico que se considere: servicios públicos, concesiones, Fuerzas Armadas, proyectos de reactivación, control de la evasión, aduana, salarios públicos, coordinación de políticas sociales, etcétera, si buscamos cuáles han sido los análisis realizados, las conclusiones obtenidas o las propuestas presentadas, nos vamos a encontrar solamente con enfoques parciales, con mucho de improvisación y poca profundidad conceptual y conocimiento de la realidad.
Así, como la perspectiva de los años engrandece el fenomenal gobierno que realizó el Partido Nacional, también el tiempo permite ver cómo en estos tres años el Gobierno actuó más reaccionando ante hechos puntuales que adelantándose a los acontecimientos con mirada prospectiva.
Si tuviéramos que definir en dos palabras lo ocurrido hasta ahora diríamos que el Partido Colorado nos ha hecho perder el tiempo, y que por tanto ahora para el Uruguay es todo más difícil...
El Partido Nacional al culminar un nuevo año puede afirmar que tiene la tranquilidad de conciencia de haber acicateado de todas las formas posibles al gobierno del Partido Colorado.
Hoy nos enfrentamos a un nuevo año. Es compromiso y deber del Partido Nacional, desde sus bancas de Representantes y Senadores, emprender e impulsar la sanción de las iniciativas que el país requiere imperiosamente para vislumbrar el inicio de la reactivación y el principio del fin de esta crisis. Sin embargo, las normas nada solucionan por sí mismas, sino que requieren de un brazo ejecutor que hoy se encuentra debilitado. Por todo esto es que afirmamos con profunda convicción que se hace imperioso que el Partido Nacional vuelva a dirigir los destinos de nuestro país.
A eso y para eso nuestro esfuerzo.
No quiero finalizar estas líneas sin enviar a los compatriotas un fuerte abrazo, y mis augurios de felicidad para las Pascuas Navideñas y las fiestas del Año Nuevo que estamos celebrando.