DOMINGO 29 de diciembre de 2002- Año 85 -Nº 29236
Internet Año 7 - Nº 2346 | Montevideo - Uruguay
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Los temas de El País . La crisis de sanatorios dejó fuera del sistema cientos de puestos de internación. En la Salud Pública, faltan camas y se difieren operaciones
Camas vacías en la salud privada

Cientos de camas de internación no están siendo utilizadas en el sistema privado de salud a raíz de la crisis del sector y el cierre de sanatorios. Si bien el hecho no es considerado un problema por los operadores —debido a la pérdida de afiliados que han sufrido las mutualistas— el fenómeno se contrapone con la carencia de capacidad de internación que afecta a los centros de Salud Pública.

El cierre de la mutualista Oca Larghero con un sanatorio con capacidad de más de cien camas, un CTI y una maternidad consideradas modelo, y las graves dificultades que atraviesan otras instituciones como Casa de Galicia y el Hospital Italiano, radiarían del sistema de salud uruguayo una importante capacidad de atención instalada.

Barret Díaz, presidente del Sindicato Médico dijo que el sistema mutual tiene capacidad ociosa como para atender a todos sus afiliados y que "salvo algunas instituciones que casi no han perdido socios, en general sobran camas".

Díaz afirmó que en cambio "donde sí faltan camas es en Salud Pública" que debe atender a las personas que abandonaron el mutualismo y agregó que "por ese motivo se están difiriendo las cirugías".

Los últimos meses del año fueron el escenario de duros golpes para el sector. Al cierre de Oca Larghero en noviembre, le siguieron noticias desalentadoras como la presentación de un concurso civil voluntario (concordato) por Casa de Galicia y el pedido de quiebra contra el Hospital Italiano.

Casa de Galicia tiene capacidad para 360 internados, el Larghero contaba con instalaciones para 110 pacientes y en el caso del Hospital Italiano las camas son 250.

Sin embargo, el número efectivo de internados este año fue notoriamente inferior a la capacidad. Según Barret Díaz en Casa de Galicia el promedio de personas internadas fue de 160.

En el Italiano se estarían atendiendo entre 60 y 80 pacientes.

El destino de esa capacidad de atención perdida en el sector privado y que hace falta en la salud pública es uno de los problemas pendientes que plantea el cierre de centros de salud ya que los procesos habituales de liquidación —lentos y engorrosos—suponen un riesgo de deterioro de las instalaciones.

La suerte de ese valioso capital sanitario es por el momento una incognita.

EL CASO LARGHERO. "El sanatorio y las instalaciones están impecables", dice José Luis Damonte interventor de la mutualista Oca Larghero la más reciente de las quiebras que ha remecido el sistema de salud uruguayo.

Solo, instalado en un despacho de planta baja del reconocido edificio que durante décadas fue simbolo de la mejor tradición de asistencia de Uruguay, el contador Damonte es el encargado de hacer el inventario de bienes y deudas para presentar a la Justicia y —si es posible— proponer algún plan para evitar un riesgo cierto: el deterioro de una de las más completas y modernas instalaciones de atención médica del país.

A pesar de su estruendosa quiebra, el sanatorio tiene una capacidad instalada envidiable en la actual situación del mutualismo: 110 camas para internación, un Centro de Tratamiento Intensivo y de Cuidados Intermedios con capacidad para veinte pacientes, una maternidad considerada de las mejores del país, dos pisos de salas "vip" con camas para acompañantes, aire acondicionado, tv cable y teléfono, un centro de tomografía computada, un laboratorio.

"En lo que hay consenso es que en una planta física de este tipo sin funcionar, el deterioro es mostruoso", dice Damonte, que estima que solamente preparar el inventario y revisar la documentación contable le llevará "dos meses, cuando menos".

"Hay que buscar una fórmula imaginativa para reactivarlo", agrega el interventor que indicó que la comisión tiene facultades de disposición pero que presentará propuestas para que el Ministerio de Salud Pública decida en definitiva. Damonte agrega que "una cosa es la presentación nuestra, pero después la liquidación judicial normalmente lleva mucho más tiempo".

Mientras tanto, a nivel de los juzgados de concurso no se ha iniciado ningún expediente sobre el Oca Larghero.

La jueza Teresita Rodríguez Mascardi, una de las dos que atiende los casos de concurso, quiebras y concordatos, dijo que no tenía conocimiento de los detalles del caso, pero afirmó que con la actual legislación "es posible llegar a una solución que no implique el remate siempre que se logre un acuerdo en la junta de acreedores".

Rodríguez admitió que los trámites del concurso "son largos y engorrosos y dependen de cada caso", aunque dijo que han existido procedimientos que se han resuelto en plazo breve. "Entre diez meses y un año es un plazo breve en Uruguay", explicó.

UN TRISTE FINAL. Pero en Uruguay nada es muy rápido ni demasiado sencillo y tampoco lo es la historia del Oca Largheto.

La liquidación del "Larghero" fue el triste final de una larga y penosa batalla por la sobrevivencia que encararon hace dos años los médicos de la institución y sus funcionarios.

Todos los actores del drama consultados por El País indican que fue a fines del año 2000 cuando los médicos cooperativistas de OCA tomaron conciencia de la situación.

En ese momento la institución enfrentaba un pasivo de 16 millones de dólares. Entre 1998 y 2000 se habían pedido préstamos bancarios a distintas instituciones por 8.5 millones de dólares. La institución tenía 23 mil afiliados y un porcentaje importante estaba constituido por los funcionarios del Banco República y sus familiares en razón de un convenio de asistencia que había comenzado a regir en la década del 60. El ingreso por ese concepto era uno de sus mayores capitales.

Dos años antes el panorama de Oca era distinto. Según los testimonios, en 1998 la cooperativa médica OCA decidió comprar el sanatorio Larghero, del cuál ya tenía más del 50 por ciento de las acciones. Un par de años antes se había resuelto la compra del predio de la ex fabrica de chocolates Ricard separada del sanatorio por la calle Montecaseros. El plan en ese momento era unir ambos edificios por un puente aéreo o un túnel. Hoy la planta fabril, vacía y deteriorada, es un mudo testimonio de las consecuencias del alto endeudamiento bancario con que se financiaron los planes de expansión.

Además de esas compras, se había ampliado una de las alas del sanatorios instalando dos pisos de habitaciones "vip". También se reformó la maternidad convirtiéndose en una de las mejores del país.

DOS AñOS DE LUCHA. Cuando quedó en evidencia el costo de esa expansión, los médicos formaron un comité de crisis y en los primeros meses de 2001 se convocó a elecciones.

"A fines del 2000 yo era el último suplente de la directiva", recuerda el Dr. Gonzalo Estapé. "Estaba en el exterior y me enteré de una reunión especial que se iba a realizar un día sábado. Cuando me enteré de lo que pasaba los restantes miembros de la directiva habían resuelto que yo fuera el presidente". Estapé se mantuvo en ese puesto desde entonces y hasta el día del cierre de la institución.

Afirma que ya entonces todos los técnicos que estudiaban los números de la institución "coincidían en que estábamos en una quiebra técnica". "El problema es que una institución chica tiene poca capacidad para enfrentar un pasivo tan importante, que se generó con la compra del predio de Ricard lo que se hizo con préstamos, sin poner dinero, y, en fin, otros negocios que se hicieron aconsejados por el anterior contador y el gerente".

"Hubo un cambio brusco de directiva, se cambió todo el equipo de gestión, incluso el director técnico anterior fue procesado, se sustituyó al anterior contador y se comenzó a renegociar las deudas porque ya en ese momento no había dinero para pagar los sueldos", explicó.

Aunque el sanatorio tenía un superavit operativo hasta el final de su gestión, la acumulación de deudas fue difícil de sobrellevar. "A los bancos se les siguió pagando, se refinanció con los proveedores comerciales, pero ninguno quiso pesificar", explicó Estapé.

Dos golpes serían fatales en esa desesperada lucha por mantener la atención: la devaluación de junio hizo que el pasivo aumentara significativamente. El golpe de gracia fue la decisión del Banco República de no renovar el convenio que existía desde 1963 a raíz de la orden del Poder Ejecutivo de eliminar los servicios médicos estatales.

"En una primera instancia se habló con los directores del República y sobre todo con el sindicato bancario. Aebu nos acompañó en una primera instancia y votó por quedarse en el sanatorio. Después Aebu banca estatal dijo que si los funcionarios querían cambiar había que darles libertad y finalmente apoyaron a tres instituciones que no eran Larghero".

La caída del convenio con el Banco República y la decisión de Aebu hicieron además imposible acceder al préstamo de salvataje de mutualistas acordado entre el gobierno y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

"La primera condición que se nos puso para acceder al préstamos era mantener a los funcionarios bancarios como socios".

FUTURO INCIERTO. Con el cierre del Larghero no sólo quedaron por el camino instalaciones de primer nivel, sino también 415 funcionarios no médicos y aproximadamente 150 profesionales.

El trasiego de los socios comenzó a procesarse con rapidez. El interventor José Luis Damonte informó que hasta el momento se han recibido seis mil solicitudes para trasladar las historias clínicas de los pacientes a otras instituciones a las que ya se han afiliado.

Según Damonte el Ministerio de Salud Pública prohibió expresamente a las restantes mutualistas realizar publicidad expresa para captar los asociados del Larghero, así como la actuación de promotores en las inmediaciones del centro de asistencia.

De ese traslado de socios depende el futuro de los funcionarios, ya que según un acuerdo firmado en 2001, las instituciones que absorban socios deben ocupar entre 10 y 19 empleados por cada mil nuevos afiliados. Ese acuerdo no contempla la situación de los más de cien médicos que quedaron sin trabajo ya que el Sindicato Médico no firmó el documento.

Sin embargo los funcionarios tienen expectativas muy limitadas sobre su reinserción. Estela Ibañez, dirigente del sindicato, estima que solo entre el 10 y el 20% del personal podrá reinsertarse teniendo en cuenta la situación difícil también que enfrentan las restantes instituciones.

"Va a haber grandes problemas para reinsertar a gente que tiene más de 50 años y no se puede jubilar, e incluso, el seguro de desempleo les baja el promedio de una futura jubilación", afirma.

Para Ibañez una solución, aunque remota, sería que se alquilara el sanatorio y estima que para hacerlo no hay mucho tiempo para evitar el deterioro. "Yo creo que ningún proyecto va a salir antes de marzo, pero para nosotros es la única posibilidad de trabajo real", afirmó.

Quedarán seis o siete institutos grandes

Entre 1990 y 1991 aproximadamente comenzaron a producirse algunos fenómenos que eran desconocidos para el país y para el sector mutual. Este era un país acostumbrado a vivir con un alto indice inflacionario anual que permitía que aquellos que compraban insumos, cobraran sus ventas al contado y, pagando diferido, licuaban sus déficit. Quiere decir que el déficit era subsidiado por una serie de proveedores, etc. En aquella época el sector de la salud tenía muy poca deuda bancaria porque no precisaba créditos y no tenía déficit porque lo licuaba por la inflación.

Desde que comenzó la lucha antiinflacionaria que fue exitosa, el mecanismo de la adecuación de los pasivos se fue perdiendo.

Todos estamos de acuerdo en que esta política de tratar de impedir la inflación es la mejor, pero a los efectos de todas las empresas del país el trabajar con una inflación baja significó un desafío nuevo. Algunas se adaptaron bien y otras no.

En el caso nuestro hubo otro problema cuando a partir de 1993 se firmaron nuevos convenios salariales, en particular el anestésico quirúrgico que significó que en los años 1993, 94 y 95 hubiera un incremento muy fuerte del costo de la asistencia.

En este período entonces se juntaron dos fenómenos: la disminución de la inflación, y el aumento de los costos salariales de ese sector en especial. Eso llevó a que se generaran déficit importantes en las instituciones que se jugaron con créditos bancarios, y se endeudaron fuertemente en la década de los 90.

Ya ahí se asistió a un empobrecimiento progresivo. A mediados de la década del 90 algunas instituciones comenzaron con planes de control de los gastos y de adecuación de la adjudicación de los recursos, y otras no. Las que sí lo hicieron, que son muy pocas y en general pequeñas, son las que hoy tienen mejor situación, pero otras instituciones no lo hicieron. En este período de gobierno fueron clausuradas seis instituciones.

PERSPECTIVA. La posición tanto del gobierno del Dr. Sanguinetti como la de este gobierno es la de concentrar la asistencia en Montevideo en menos instituciones grandes. Eso parece claro cuando se ve que las pequeñas instituciones han sido tratadas sin apoyo del Estado y varias, cinco de mi Cámara, han sido clausuradas. La perspectiva de futuro es similar a lo que ocurre hoy.

El sector tiene todavía unas cuantas instituciones pequeñas, algunas de ellas sin pasivo que podrían salvarse en cualquier circunstancia. Las otras instituciones pequeñas no tienen perspectiva porque tiene grandes pasivos acumulados, y el servicio de la deuda les consume una buena parte de sus ingresos, por consiguiente no pueden hacer frente a sus obligaciones.

Al día de hoy la cuota tiene un atraso tan grande en relación al costo de los insumos, de los medicamentos y del dólar que apenas alcanza para cubrir insumos y no entrar en omisión de asistencia. En el futuro va a ocurrir lo mismo, salvo que se tomen medidas que permitan concentrar el mercado en instituciones más grandes, pero eso lleva inevitablemente a la pérdida de una enormidad de puestos de trabajo. Al igual que ocurre con los Bancos, el país va a tener que observar como se salvan una determinada cantidad de puestos de trabajo, más que pensar en los puestos de trabajo que se pierden.

En el sector de la salud el proceso de concentración será en el próximo año, o a lo sumo en dos años, y quedarán seis o siete empresas en Montevideo las otras no podrán competir en un mercado tan concentrado. Va a desaparecer, seguramente, alguno de los prestadores de asistencia exclusivamente sanatorial, como el Hospital Italiano o como ya ocurrió con el Sanatorio Español. Esa es una de las realidades a las que tendremos que acostumbrarnos.

Dr. Natalio Blankleider

Presidente del IAMC


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