ANTONIO ALVAREZ
Como buen jockey, Fabio Guede sueña con la recta final. Atrás van quedando los palos blancos, las chaquetas de seda destiñéndose al viento, los gritos desde la tribuna llenos de palabras incomprensibles. El animal responde con adrenalina, corriendo por el lado de afuera. Saca un cuerpo, dos, tres, cuatro de ventaja. Lo extraño es que la pista no termina nunca, la carrera jamás llega a su fin pese a que corre, corre, corre.
Es una pesadilla recurrente en la vida de Guede. Y se parece bastante a los últimos cinco años del Hipódromo de Maroñas. Con apenas 22 años, Fabio corrió allí apenas tres veces como profesional. En el debut, el caballo se le escapó en el paseo y en las restantes dos ocasiones no tuvo mejor suerte. Aquella desventura le sirvió sobre todo para ser testigo privilegiado del fin de una gloria que murió con los ojos abiertos después de una lenta agonía.
Cinco años después de aquellos comienzos vacilantes, a Fabio Guede no hay caballo que se le resista. Con medidas perfectas para su oficio (1.62 metros, 51 kilos) es el campeón de la estadística por segunda temporada consecutiva y según los expertos el jockey más prometedor de la patria de Irineo Leguisamo.
Noventa carreras ganadas en el Hipódromo de Las Piedras durante el 2002, le permitirán entrar al nuevo Maroñas por la puerta principal. Su trabajo se verá en todos los países de la región, en Estados Unidos, en Europa y hasta en el Lejano Oriente gracias a la televisación de las carreras.
Hoy gana 220 pesos por subirse al caballo gane o no gane. Es lo que llaman viáticos por monta perdida. Pero si él y su caballo triunfan o salen segundos, Guede se lleva el 10 por ciento del premio. "Si en Las Piedras corrí 50 carreras por mes, en Maroñas me voy a sentir más cómodo. Para el jockey no hay nada mejor que una pista con una buena recta. Las carreras son más limpias y te permiten planificar mejor las cosas".
Como sus más de cincuenta colegas, Guede está ansioso. El sábado 15 de marzo de 2003, Maroñas reabrirá sus puertas. Tal vez con el Gran Premio "José Pedro Ramírez" que debió correrse el 6 de enero. La idea es distribuir una bolsa principal de 90 mil dólares, a la par de los grandes hipódromos del mundo. Será la primera jornada de una carta clásica con 39 pruebas de grupo y casi 1.1 millones de dólares en premios.
Cuando se le pregunta a los turfmen uruguayos qué opinan, la alegría les ilumina la mirada. Pero no pueden evitar la cautela ante tantos desengaños amorosos, licitaciones fallidas y decadencia, en especial durante los últimos cinco años
La inversión del nuevo concesionario rondará los 55 millones de dólares. Nada mal para 70 hectáreas que
Un retrato del nuevo inquilino
Hípica Rioplatense Uruguay S.A. es un consorcio formado por Sociedad Argentina de Medios (grupo Liberman), Sociedad Latinoamericana de Inversiones y Codere Argentina, del grupo Codere de origen español. Lone Star Park es el operador hípico que exigía el pliego de condiciones dispuesto por el Estado uruguayo como forma de asegurarse un gerenciamiento experto del hipódromo. Se trata de una pujante empresa —adquirida recientemente por el poderoso grupo austríaco Stronach— que montó hace siete años un centro hípico en Dallas, hoy situado entre los diez primeros de los Estados Unidos. Participaron asimismo en la reapertura del Hipódromo de las Américas en Ciudad de México En este negocio, Lone Star tiene la opción de ingresar con hasta un 15 por ciento de las acciones.
Luego de una larga y polémica pelea cabeza a cabeza con el consorcio Welmir S.A. —vinculado a la secta Moon—, Hípica Rioplatense consiguió convencer al Estado con sus avales.
En Uruguay, la gestión de Maroñas permitirá a los concesionarios disponer de 400 puestos de trabajo directos entre administrativos y personal de pista, además de 1.500 empleos en forma indirecta solo en el primer año de trabajo.
Gran debate por hiedra octogenaria
Uno de los episodios más llamativos del proceso de Maroñas es una disputa muy particular entre Hípica Rioplatense y la Comisión de Patrimonio Histórico. El concesionario sabía que de ganar la licitación tendría que pasar por una rigurosa revisión de sus planes, dado que el Hipódromo es monumento histórico nacional. En conocimiento de ello, Hípica contrató al arquitecto Manuel Herrera Lussich para proyectar las obras y al mismo restaurador que actuó en Patio Bullrich y Galerías Pacífico en Buenos Aires, Argentina.
Pero la situación se puso tensa cuando la Comisión solicitó que la hiedra que recubre el edificio central de Maroñas no debía ser tocada bajo ningún concepto. El tema anduvo en mesas y lenguas de gobernantes. Aunque nadie confirma ni desmiente, el presidente Batlle era proclive a hacer lugar al reclamo del concesionario, pero el intendente Arana —un fanático del rescate patrimonial— se negó rotundamente a que la planta fuera sacada de su lugar.
Muchos se preguntan por qué no cortar la hiedra para tratar las paredes y luego dejarla crecer. Pero Patrimonio Histórico dijo que no. Es esa la hiedra y no otra. Un caso para Heráclito, o un cuento de Borges.
"Es una planta que tiene 80 años. Solo autorizamos a realizar algún corte aislado, en caso que la pared presentara fisuras o algún problema de tipo estructural. Es un edificio que no necesita ser pintado. La hiedra cumple esa función", asegura Jorge de Arteaga, presidente de la comisión instituida por el gobierno.
Pese a las críticas que generó entre los inversores, Hípica Rioplatense zanjó la situación. Repatrió a un ingeniero especialista en botánica y paisajismo radicado en Italia para el tratamiento del muro exterior. "Ha sido un trabajo artesanal, de tratamiento casi hoja por hoja. Y casi está pronto. La discusión sobre la hiedra ya fue. El muro se encuentra restaurado en un 90 por ciento. El resto se hará en marzo, cuando se caigan las hojas. Personalmente creo que está bien que quede allí. El edificio pintado puede parecer un mausoleo", argumenta Guzmán Herrera, del estudio Herrera Lussich.
El dilema de ser o no ser "Zona Roja"
Uno de los temas tabú de Maroñas es la seguridad. En función de que se convertirá en una zona financiera de importancia, muchos se preguntan si el hipódromo no será la tentación de moda para la delincuencia en el 2003.
Los empresarios de Hípica Rioplatense y el Ministerio del Interior vienen reuniéndose desde hace meses por esta situación. "Será un sistema de seguridad combinado. El concesionario pagará su propio sistema de seguridad privado y contratará a la Policía en régimen de servicio 222. Además, habrá otros servicios involucrados como Radiopatrullas. Y se estudia incorporar policía militarizada en la zona".
Las palabras son del comisario Jorge Márquez, titular de la seccional 16 con jurisdicción en Maroñas. Márquez ha estado cerca de las fuerzas vivas del barrio, atendiendo tribulaciones vecinales y buscando generar confianza. "Es un barrio que ha sido muy golpeado en los últimos años por el cierre del hipódromo. Y no quieren que la delincuencia ahuyente a los inversores y a quienes vendrán a apostar", afirma el comisario.
Márquez sostiene que Maroñas es una zona "normal" dentro del mapa delictivo. "La situación no es crítica. Es más la fama que otra cosa. Si se pone bravo el barrio es porque somos una zona de pasaje de delincuentes provenientes de Marconi y el Borro".
El diagnóstico del comisario no coincide con los números, sin embargo. Maroñas es un barrio que se encuentra entre los cinco o seis de mayores índices delictivos de la ciudad, según datos de la propia Jefatura de Policía de Montevideo.
Entre enero y noviembre de 2002, hubo 603 rapiñas, 9 copamientos, 12 homicidios, 652 arrebatos, 704 hurtos en fincas, 207 en comercios y 62 robos de vehículos. En el mismo período, marcharon a prisión 158 personas por los más diversos delitos.
Son índices altos. Sobre todo si se los compara con los registrados en las seccionales 12 (Borro-Marconi), 17 (Gruta de Lourdes), 19 (La Teja, Nuevo París) y 24 (Cerro Norte), ubicadas en todos los casos dentro de la llamada zona roja capitalina. Entre estas cuatro seccionales se concentra el 75 por ciento de los delitos en Montevideo.
Maroñas bien podría estar en este círculo poco privilegiado de la seguridad. Un buen ejemplo es lo que sucede en la seccional 15 de Policía (Unión), jurisdicción vecina a Maroñas, con problemas similares. En el período enero-noviembre 2002, las rapiñas allí fueron casi la mitad: 361. Zonas como esta seccional o la temida área de Marconi tuvieron un índice de homicidios 50 por ciento inferior al de Maroñas.
El nivel de rapiñas en la zona del Hipódromo es un poco menor al que registra Borro y Marconi. En los primeros once meses de 2002, la Policía tuvo que atender allí 686 casos. Pero el consuelo es menor, si se compara a Maroñas con zonas de seguridad normal: su índice de rapiñas es cuatro veces mayor al de la seccional 1, que vigila la Ciudad Vieja, donde las denuncias por rapiña llegaron a ser apenas 134.
Accesos a fines de 2003
La Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Vivienda trabajan muy ligados en áreas como política habitacional y medio ambiente, pero rara vez están de acuerdo en algo. Cuando se supo que juntos iban a encargarse de solucionar los accesos a Maroñas, más de uno de los involucrados, en especial la empresa inversora, pensó que sería un dolor de cabeza. No se equivocó.
Pero después de más de dos años de conversaciones e interminables reuniones, comisiones y visitas al barrio Ituzaingo existe un convenio borrador pronto y casi listo para ser firmado. "Creo que por primera vez existen buenas perspectivas para solucionar el tema. El nuevo ministro Saúl Irureta dio muestras de tener este proyecto entre sus prioridades", admite la arquitecta Rosario Fossatti, directora de Espacios Públicos de la Intendencia de Montevideo.
Fossatti asegura que el terreno para realojar a las 60 familias que viven en la zona expropiada ya se encuentra a disposición y que el sistema de construcción a cargo del ministerio será aplicado con celeridad a partir de la firma del convenio. "Pero no se puede dar a conocer el lugar porque enseguida sería ocupado por intrusos", reconoce la directora.
A partir de la mudanza, la Intendencia de Montevideo realizará la extensión de la avenida Larrañaga hasta el Hipódromo de Maroñas en unos seis meses. "Podrían ser cuatro o cinco meses si logramos mejorar la coordinación con otros servicios públicos", afirma la ingeniera Susana Galli, directora municipal de Vialidad.
La obra implica el ensanchamiento y trazado de una calle a través de las siete manzanas hoy ocupadas. Constará de dos vías de 9,50 metros y un cantero central de 5 metros. Las veredas tendrán también 5 metros de ancho. El costo total de la obra será de 900 mil dólares y su financiamiento ya fue concedido en el presupuesto de la comuna.
Un gallego
La chacra de Francisco Maroñas fue el comienzo de todo. Maroñas, de origen gallego, había sido militar del regimiento de Mallorca. Así había llegado en 1765 a la Banda Oriental. En los años siguientes, gracias a los servicios prestados, la corona española le otorgó un título rimbombante y un tanto difícil de entender para un uruguayo del siglo XXI. Era "Visitante de la Renta del Tabaco y Naipes".
Maroñas murió en 1812. El pueblo que llevaba su nombre fue delineado en 1873 sobre la base de su propiedad. Pero ya cinco años antes se había construido en la zona un "circo hípico" en competencia con el que los ingleses habían montado en la calle Azotea de Lima, en la zona de Piedras Blancas.
El primer nombre para ese hipódromo fue "Circo Ituzaingó".