ALVARO J. AMORETTI | ALVARO GIZ
El presidente del Banco de la República, el contador Daniel Cairo, dijo que "más que una corrida" la plaza financiera local enfrentó "una crisis de histeria colectiva" durante la cual la entidad estatal perdió 1.050 millones de dólares, se mostró convencido de que fue "un error" no haber implantado un seguro de depósitos cuando el sistema "todavía estaba fuerte" y elogió el comportamiento de los ahorristas que tras la reprogramación de sus plazos fijos reaccionaron de manera "admirable", dando una lección a quienes pensaron que "iba a pasar acá lo que pasó en Argentina".
En una entrevista concedida a El País, Cairo consideró "una utopía" pensar que los residentes puedan volver a ver a Uruguay como una plaza financiera segura, pero consideró "posible" recuperar los depósitos perdidos de los residentes y opinó que la confianza aumentará cuando el gobierno tenga "cuatro o cinco buenas noticias" para comunicar.
"Que baje algo la desocupación, que haya una buena temporada turística, que la cosecha de granos produzca lo que aparentemente va a producir, que el precio del arroz no baje y que los frigoríficos mantengan su tendencia de actividad de diciembre. Yo creo que con dos o tres cosas de esas que sucedan, la confianza va a volver", sostuvo Cairo.
Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que el titular del Banco de la República concedió a El País.
—La crisis financiera del primer semestre del año, y la impresionante corrida de depósitos derivada de ella, dejaron al Banco de la República en una situación ciertamente comprometida. ¿Cómo se vivió esa crisis de confianza en un banco que, hasta ese momento, había sido el refugio al que acudían residentes y no residentes en tiempos de turbulencias nacionales y regionales?
—Fueron tiempos muy duros. Aquellos eran días de una locura total.
—¿Por qué?
—Porque para no abonar la desconfianza se hacía imprescindible asegurar que las 120 sucursales del banco en todo el país tuvieran, durante toda la jornada, dinero en efectivo para devolver los depósitos de todo aquel ahorrista que así lo demandara. Y eso requería de una estructura que el banco no tenía.
—¿No estaban preparados?
—No. Estábamos preparados para que la gente depositara en todas las sucursales al mismo tiempo, pero no para que los ahorristas sacaran su dinero de todas las sucursales, un día sí y el otro también, durante toda la jornada.
—¿Y cómo enfrentaron el problema?
—Como pudimos. Había que ver lo que era el banco. Teníamos que traer continuamente cargamentos gigantescos de billetes desde Estados Unidos, en un volumen desconocido en la historia del país, al tiempo que íbamos armando acá un sistema que nos permitiera repartir rápidamente esos billetes allí donde se necesitaran, para que en ningún banco un cajero tuviera que responder que no tenía dinero.
—¿Cuánto dinero les retiraron durante la corrida?
—Hay números que uno prefiere no recordar (se ríe), pero perdimos 1.050 millones de dólares en ocho meses. Lo pienso y da miedo.
—¿Quiénes sacaron más? ¿Los residentes o los no residentes?
—La tercera parte de los depósitos que perdimos eran de no residentes. Todo lo demás pertenecía a personas que viven en el país.
—¿Y no esperó demasiado el gobierno para detener esa hemorragia de depósitos? ¿No habría que haber implementado mucho antes un mecanismo de reprogramación de depósitos como el que en agosto, y ya "in extremis", se terminó por aprobar?
—Y... sí. Yo creo que si se hubieran reprogramado antes los depósitos nos hubiéramos ahorrado muchos millones de dólares.
—A su juicio, ¿cuándo se tendría que haber reprogramado?
—En junio ya todo estaba claro.
—¿Y por qué cree entonces que el gobierno se tomó hasta finales de julio para hacer lo que en junio ya estaba claro que había que hacer?
—Yo creo que el apoyo del Fondo Monetario Internacional llevó a las autoridades económicas a pensar que el problema era controlable. Los hechos posteriores demostraron que no fue así.
—¿Se hubiera podido mitigar el impacto si a comienzos de este año, con el colapso argentino a la vista y una plaza financiera todavía fuerte, Uruguay hubiera implementado un seguro de depósitos?
—No tengo dudas de que fue un error no haber creado un seguro de depósitos cuando el sistema financiero todavía estaba fuerte.
—¿En enero?
—Sí. Y antes de enero también. Pero bueno, tampoco se podía prever que iba a pasar lo que pasó, que fue una cosa para que la estudien los psicólogos.
—¿Por qué lo dice?
—Porque más que una corrida de depósitos, lo que tuvimos fue una crisis de histeria colectiva.
—Hoy los depósitos parecen volver, aunque muy lentamente, al sistema financiero. En el caso del Banco de la República, ¿se puede hablar de una tendencia firme o apenas de primeros síntomas de una recuperación?
—Venimos ganando depósitos. Después del feriado bancario, en los primeros días de agosto mucha gente siguió retirando dinero de las cajas de ahorro. Pero esa tendencia se detuvo y hoy podemos decir que, desde el feriado bancario en adelante, es más lo que ganamos que lo que perdimos.
—¿Cuánto más?
—Ganamos unos 18 millones de dólares en depósitos a plazo fijo.
—Al lado de lo que se perdió, parece una cantidad insignificante...
—... muy pequeña, es verdad, pero lo importante es que se trata de una tendencia constante que hay que consolidar.
—Después de la reprogramación, ¿cambió el comportamiento de quien llega al banco a depositar su dinero? ¿Prefieren hacerlo en cuentas a la vista que en plazos fijos?
—Sí, eso es evidente. En cuentas a la vista los números que tenemos son ampliamente favorables. Lo crítico, en materia de confianza, siguen siendo los plazos fijos.
—¿Y cómo se recupera esa confianza?
—Se va ganando, pero es un proceso lento.
—¿Y mientras tanto?
—Mientras tanto roban a un hombre que tenía 100 mil dólares en efectivo en un estudio jurídico. Mientras tanto el negocio es ofrecer cofres de seguridad, porque no hay disponibilidad en plaza. Y mientras tanto, hay gente que entierra el dinero en el fondo de la casa, porque considera que esa manera está seguro.
—¿Tiene amigos que lo hacen?
—Sí.
—¿Y qué les dice?
—(se ríe) Bueno, trato de convencerlos.
—¿Y le hacen caso?
—No. Creo que son los hechos los que los van a convencer.
—¿Qué hechos se tienen que dar para que la gente vuelva a creer y los depósitos comiencen a regresar masivamente al sistema?
—Y... por lo menos que tengamos cuatro o cinco buenas noticias.
—¿Por ejemplo?
—Por ejemplo que baje algo la desocupación, que haya una buena temporada turística, que la cosecha de granos produzca lo que aparentemente va a producir, que el precio del arroz no baje y que los frigoríficos mantengan su tendencia de actividad de diciembre. Yo creo que con dos o tres cosas de esas que sucedan, la confianza va a volver. Porque primero tiene que regresar el empresario, el productor, y recién después va a volver a confiar el pequeño ahorrista.
—¿Y es posible pensar en recuperar el nivel de depósitos que el Banco de la República tenía antes del comienzo de la crisis financiera?
—Es posible pensar en recuperar los depósitos perdidos de los residentes.
—¿Es una utopía pensar que los no residentes van a volver a confiar en Uruguay como plaza financiera segura?
—Sí, lo es.
—Usted afirma que la confianza va a volver lentamente y los depósitos también. Sin embargo, la ley de reprogramación aprobada en agosto de este año obliga al Banco de la República a devolver en agosto de 2003 una parte de los depósitos a plazo fijo de sus ahorristas y de los del Banco Hipotecario. ¿Cuánto dinero tienen que devolver?
—Si sumamos a nuestros ahorristas y a los del Banco Hipotecario, estamos hablando de unos 550 millones de dólares.
—¿Y tienen la plata para devolver ese dinero?
—Hoy no tenemos los 550 millones de dólares que tenemos que devolver en agosto. Al menos no tenemos todo ese dinero.
—¿Y cómo piensan tenerlo cuando llegue el momento de pagar?
—Estamos en una política muy fuerte de recuperación de crédito que, confiamos, nos va a permitir generar en estos meses el dinero que necesitamos para pagar todo lo que el banco tiene que pagar. Porque nuestro objetivo es pagar, como sea, lo que nos comprometimos a pagar. Y vamos a pagar.
—¿Pero tienen dinero para adelantar a los ahorristas entre mil y dos mil dólares a cuenta de sus depósitos?
—Sí. Tenemos la liquidez necesaria para hacerlo gracias, precisamente, a que recuperamos 90 millones de dólares de viejos créditos concedidos.
—¿Está decidido a llevar adelante esa devolución parcial?
—Sí, porque no creo que haya elementos que jueguen en contra y porque, además, existe apoyo político para llevar adelante esa medida.
—¿Piensan efectuar alguna otra devolución parcial antes de que, por ley, tengan que regresar una parte de los depósitos reprogramados en agosto de 2003?
—Es la idea que tenemos. Queremos dar tantos adelantos como nuestra liquidez lo permita.
—¿Qué es lo que se busca devolviendo a la gente una pequeña parte de lo que se le reprogramó? ¿Que vuelva a creer?
—En alguna medida sí, porque pensamos que es bueno que la gente sienta que el banco puede darle buenas noticias. Pero también es un regalo de fin de año para todos los depositantes, porque se trata de gente que se lo merece.
—¿Por qué? ¿Por la forma en que reaccionó ante la reprogramación de los depósitos?
—Sí. La verdad que el comportamiento de la gente en aquellos días tan difíciles fue admirable.
—¿Usted temió que reaccionaran de otra forma?
—Sí. El día que abrimos el banco y vi las colas de ahorristas afuera, pensé lo peor. Pensé que iba a pasar acá lo que pasó en Argentina. La verdad que la gente nos dio una lección.
La lección que dejó la corrida
—¿Por qué en lugar de dar adelantos a cuenta a los ahorristas no se destina la liquidez a aumentar las líneas de crédito del banco?
—Porque pensamos que el sector productivo tiene en el banco el crédito que necesita y porque, además, pensamos que no podemos seguir incrementando el nivel de endeudamiento de un sector que ya debe demasiado.
—Pero la producción asegura que no hay crédito.
—Sí, pero esa es una verdad a medias. Primero porque nosotros, después de la crisis, vertimos 38 millones de dólares en crédito al sector exportador. Y segundo porque creo que son las empresas las que ya no tienen más capacidad para endeudarse.
Una plaza reducida a la mitad
—¿Uruguay, como plaza financiera internacional, ha dejado de existir?
—Eso significa que vamos a tener que adecuarnos a la realidad y que el sistema, en su conjunto, puede funcionar hoy con la mitad de la estructura que tenía al comienzo de esta crisis.
—¿La mitad de qué?
—De todo. De estructura, de inmuebles, de sucursales, de funcionarios. De todo.
—¿Cómo procesará el República la reestructura? ¿Despidiendo personal?
—Nosotros no vamos a tomar más personal ni a cubrir vacantes.
—¿Y el resto de la banca estatal? ¿Qué va a pasar con el Hipotecario?
—Esa es una batalla que se librará en los próximos meses. Pero no es un tema de mi incumbencia. Y, para ser sincero, no es un tema en el que yo quiera tener incumbencia (risas).
La lección que dejó la corrida
—La crisis del sistema financiero, ¿obligó al banco a cambiar?
—Sí, mucho.
—¿En qué?
—La crisis nos reveló fue hasta qué punto las comunicaciones internas estaban funcionando mal y nos permitió alinear a mucha gente detrás de un objetivo único, que era mantener al banco de pie.
—¿Les hizo ver, por ejemplo, que no tenían a la mejor gente en los lugares más importantes?
—Sí. Hoy estamos cubriendo cargos por calificación, y no por antigüedad.
—¿Y cómo recibieron ese cambio los funcionarios?
—Al principio con mucha resistencia. Creo que hoy han empezado a ver los frutos de este nuevo sistema, y que ya hay gente que está contenta y conforme con el cambio.
No pagar, una vieja costumbre
—¿Hay gente que se acostumbró a no pagarle al Banco de la República?
—No se puede generalizar, pero es cierto que hay gente que padece de esa vieja costumbre. Por lo pronto, yo tengo conocidos que tienen un criterio respecto de sus deudas con el Banco de la República y otro con sus deudas con la banca privada.
—¿Y eso a qué se debe? ¿A que saben que con el Banco de la República, de alguna forma, se termina arreglando?
—Sí. Bueno... antes se arreglaba. Ahora la realidad marca que aquellos tiempos murieron y que hoy tienen que pagar sí o sí, porque el banco necesita ese dinero.
—¿Pero no siguen llamando los dirigentes políticos para que no se ejecute a fulano o para que se dé más plazo a mengano?
—Este directorio pudo superar ese problema.
—¿No llaman más los políticos?
—Llaman, como llama un productor, una gremial u otra gente. Pero no hay privilegios para nadie. Y tampoco hay presiones. Yo creo que el sistema político cambió y maduró mucho, y ya no se maneja con los criterios con los que se manejaba antes.
—Y el que llama pidiendo clemencia, ¿entiende que no hay margen para perdonar a más nadie?
—Y... es que es gente a la que el banco, o el sistema político, los mal acostumbró durante años, y a la que se le hace muy cuesta arriba darse cuenta de que la cosa cambió. Muchos siguen creyendo que el banco cuenta todavía con recursos ilimitados.
—Siempre piensan que todavía queda una nueva refinanciación. ¿O no?
—Sí, lo piensan, pero es algo que el banco ya no se puede permitir más.