EN lo que tiene que ver con la enseñanza media, todos
los años, de manera constante y consecuente, se
repiten casi religiosamente dos hechos
independientes: en el mes de agosto, huelgas y
ocupación de establecimientos educativos y en el mes
de diciembre, un debate sobre el alto número de
aplazados en matemáticas. Si se recurre a la lectura
de colecciones de diarios y a la búsqueda de
información, esos dos temas son tal vez los únicos
que se registran en forma estable, convertidos ya en
preocupación social, el primero, y en alarma
académica, el segundo. Al terminar el año 2002, es
lamentable comprobar que esa situación se mantiene
incambiada.
Hace varias décadas que el problema del alto
porcentaje de aplazados en Matemáticas viene siendo,
en Enseñanza Secundaria, un escollo muy fuerte en la
vida de los estudiantes. El mismo o mayor número de
años es el que llevan las autoridades del Ente,
técnicos y docentes procurándole una solución, que
sigue sin encontrarse, pese a la existencia de
numerosos informes de profesionales y especialistas
nacionales y extranjeros que desbordan expedientes
en el Codicen y que, aparentemente, han servido para
muy poco, ya que Matemáticas se mantiene como la
asignatura en la cual se registra el mayor número de
exámenes.
Los últimos datos que se han divulgado indican que
sólo uno, de cada cinco estudiantes de 5º año de
Bachillerato, resulta aprobado en esa materia,
continuando una línea negativa que es casi tan vieja
como la asignatura misma y que —para tomar una
referencia—, ya se venía acentuando desde el año
1982. Hace veinte años, en el período
noviembre-diciembre, fueron reprobados el 57% de los
alumnos; luego, en febrero de 1983, no pasaron la
prueba el 64% y en julio del mismo año, el porcentaje
alcanzó al 65%, en una situación que el tiempo no
atenuó, sino que agravó, teniendo en cuenta que en
1986 el total de aplazados fue del 62,81% y que en
1999 el Liceo Zorrilla aportó un ejemplo sin
precedentes con el 100% de sus alumnos que no
pudieron aprobar los exámenes.
EL siglo XX se cerró, en setiembre de 2000, con una
resolución del Codicen creando una nueva Comisión o
Grupo de Trabajo para el mejoramiento de la
enseñanza de las matemáticas, tanto a nivel escolar
como en Secundaria, integrada por representantes de
los respectivos Consejos, más otros del
Departamento de Formación Docente y especialistas
de las Facultades de Ingeniería y de Ciencias, que ha
venido trabajando e investigando antecedentes y
resultados estadísticos, habiendo preparado un
informe que en los próximos días será elevado al
Consejo Directivo Central. Según ha trascendido, en el
mismo se señalan la mala formación de los docentes,
tanto en Primaria como en Secundaria, además de
problemas metodológicos y cuestionamientos sobre
los programas de estudio.
Siguiendo esa misma línea, un jerarca del organismo
destacó públicamente hace algunas semanas, la
existencia de "programas obsoletos, maestros y
profesores con mala preparación y escasos
conocimientos", lo que estaría trasladando la atención
del problema a quienes imparten la enseñanza.
Observados los 2.500 profesores encargados de esa
tarea, se ha dicho que lo primero que impresiona es
"la desprofesionalización", teniendo en cuenta que
sólo el 13% son egresados del Instituto de Profesores,
careciendo el 87% restante de una preparación
especializada. Sin perjuicio de considerar necesario
también la renovación de los programas del I.P.A., ese
es un elemento importante a tener en cuenta, que no
es nuevo y que debió haberse evaluado antes,
buscándole una solución.
A ello debe agregarse un análisis paralelo a nivel
escolar, ya que muchos alumnos acceden a los
niveles superiores sin contar con una formación previa
elemental. Pese a todos esos diagnósticos, sigue
resultando difícil entender por qué razón, muchachos
que son de un rendimiento normal o superior a lo
normal en otras materias, siguen encontrando en la
vieja asignatura el mayor escollo en sus carreras,
escollo que ha torturado y sigue torturando a padres y
a alumnos, que han visto en muchos casos cerrado su
futuro, dejando de estudiar o volcándose, sin la debida
vocación, a otras carreras de orientación humanística,
por el solo hecho de huir de las matemáticas.
LO más desalentador son las manifestaciones de un
integrante de aquella Comisión, adelantando que las
soluciones de fondo sólo pueden darse a largo plazo.
"Nosotros planteamos como objetivo hacer una
reflexión de los problemas de matemáticas que son
sumamente serios, graves y requieren una política de
mediano y largo plazo. Hay que pensar en diez años o
doce años para tener una política sostenida que pueda
generar transformaciones de importancia. Todo intento
de pensar que se puede hacer un esfuerzo y en tres
meses, seis meses o un año resolver los problemas,
está condenado al fracaso". O sea que todavía nos
encontramos al principio de un túnel en el que queda
mucho por recorrer, pese a todo lo que ya se ha
recorrido.
Tanto o más que lamentar la sensación de fracaso
que se desprende de esas conclusiones, es de
desear que de una vez por todas se emprenda el
camino definitivo para eliminar uno de los problemas
curriculares más graves, o tal vez el más grave, de la
enseñanza media en el Uruguay.