DOMINGO 15 de diciembre de 2002- Año 85 -Nº 29223
Internet Año 7 - Nº 2333 | Montevideo - Uruguay
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Técnico. Fernando Morena. Idolo
"Muchos me abrieron los ojos"

Reconoce que la vez que dirigió a Peñarol debió "haber escuchado más a la gente que estaba a mi alrededor"

JOSE MARIA BELLO

El pasado 12 de diciembre se cumplieron 20 años de la última conquista intercontinental de Peñarol y con ese motivo un grupo de jugadores que estuvieron en Tokio jugando ante el Aston Villa se reunieron en el Club de Pesca Ramírez para comer un asado y recordar viejos tiempos.Entre ellos estaba quien fue un referente de ese equipo y, a su vez uno de los más, admirado y recordado jugador de la hinchada aurinegra: Fernando Morena.En la tranquilidad de su hogar, El País dialogó con el ex gran goleador, y actual técnico de River Plate, sobre lo que había sido aquella gesta, pero como no podía ser de otra manera, la conversación saltó hacia la actualidad, tanto de Peñarol como de todo el fútbol uruguayo.—¿Qué valor le das, 20 años después, a aquella conquista?—El máximo valor por la condición en que se mantuvo el grupo a lo largo del año. No debemos olvidarnos que nosotros ganamos el Campeonato Competencia en el último partido ante Defensor y perdimos allí a Fernando Alvez. Como Carlos Arias, que era el suplente, no estaba pronto debido a la poca experiencia que tenía, salieron a buscar a Gustavo Fernández que estaba en México donde no estaba jugando seguido, lo que llevó a que muchos dudaran de su estado para un puesto en el que jugar es lo primordial. Ese año hubo una semana clave: fue en la que comenzó la Libertadores. Nosotros jugamos por la Copa ante Defensor un miércoles y ganamos 3 a 0, y el domingo siguiente era el clásico, el primero del Uruguayo, al que llegamos luego de haber realizado un gran esfuerzo en el partido del miércoles, porque Defensor era un equipo muy duro, había traído a Mastrángelo, tenía al "Polilla" Da Silva, era un gran equipo. Tuvimos la virtud de ganar el clásico y eso sirvió para demostrarnos que se podía. Porque nosotros queríamos ganar todo, no apuntamos a la Copa o al Uruguayo, teníamos una escopeta de dos caños y le apuntábamos a los dos objetivos.—¿El partido final ante Cobreloa fue muy importante en tu carrera?—Sí, pero el solo hecho de llegar a disputar la final de Copa Libertadores es muy importante. El partido en Montevideo fue muy tibio y quizás la tibieza nuestra se trasladó a la tribuna: terminamos 0 a 0. La revancha en Chile también fue muy tibia, no soy adepto a los merecimientos, soy realista, pero en esa oportunidad ninguno de los dos habíamos hecho méritos para nada, solamente los hicimos para ir a un tercer partido. En determinado momento, desde el banco me dicen que faltaban dos minutos y le digo al juez Romero: "termínelo que nos vamos para Buenos Aires". Era un 0 a 0 clavado, hasta que llegó el gol en una jugada que podría decirse que fue ilógica. Vino un contraataque que hace Venancio por la derecha, yo estaba en nuestro campo y pico, pero por las dudas, ya que pensaba que "Chicharra" iba a seguir por el lateral hasta le línea final tratando de retener la pelota, pero me vio, me la metió, y ¡gol!. Son cosas que se dan.

—¿Puede hoy un equipo uruguayo lograr una Copa Intercontinental?

—No sé si Intercontinental, pero la Libertadores puede ser. No hay equipos muy poderosos como los había antes, la situación económica de la región ha llevado a que los buenos jugadores emigren, por lo que todo se ha hecho más parejo. Quizás los más poderosos económicamente sean los mexicanos. La Copa sigue siendo muy apetecible para las arcas de los clubes, hoy un millón de dólares en el fútbol de esta zona pasó a ser lo que era hace 10 o 15 años un montón de plata.

—Tan montón de plata como en 1981 cuando se pagó esa cifra por tu pase.

—Sí, puede ser pero mirá que en el 98 se pagó más por el pase de Cedrés.

—Ese regreso, el día de la llegada, te debe haber marcado.

—Es de las cosas que individualmente son irrepetibles. Lo que viví ese día desde que me bajé del avión, durante todo el trayecto por Avda. Italia, la llegada a la Asociación y luego en el Palacio Peñarol, jamás se borrará de mis retinas.

—¿Tus hijos vieron el video?

—Claro, les encantó que al padre le hubiese pasado eso.

—¿Si se te presentara la oportunidad nuevamente de dirigir a Peñarol, en las mismas circunstancias que en 1988, cuando venían de ganar todo de la mano de Tabárez, lo aceptarías?

—Hubiera escuchado más a la gente que estaba a mí alrededor. Muchos me abrieron los ojos, lo que sucede es que uno llega a un lugar y le parece que es el mismo que cuando estuvo, y es el mismo lugar pero no era lo mismo que antes. El primer día que llegué a Los Aromos, antes de empezar la temporada, el negro Jorge (Delgado) y Manolo (Facal) me dijeron: ‘Fernando, mirá que esto no es lo mismo’, pero yo era joven, tenía unas ganas maravillosas de dirigir. Ellos no se equivocaron, conocían demasiado a Peñarol y a mí, pero no me arrepiento. Quizá en eso pude haberme equivocado pero en lo que no me equivoqué fue en una cosa que le dije a Damiani en el aeropuerto de Guayaquil cuando le manifesté que esa situación iba a durar muchos años, y si habré acertado, lamentablemente, que Peñarol estuvo cinco años sin ir a la Libertadores y sin siquiera salir Campeón Uruguayo.

—¿Sabías la causa?

—Sí, pero ya está.

—¿Qué te dejó tu pasaje por la selección junto a Héctor Núñez?

—Fue absolutamente positivo. Primero porque desde mi lugar de segundo entrenador pude hacer, con respecto al funcionamiento, lo que yo quería. Yo puedo ser un gran ayudante, pero no me siento ayudante, y respetando al técnico principal, tomé decisiones cuando debía hacerlo. Estaba trabajando muy cómodo, pero eso fue así hasta la Copa América donde se logró un resultado importante, nada maravilloso porque lo que hicimos fue mantener la tradición de que acá los campeones siempre fuimos nosotros. Ahí ya quería irme, pero como había muy poco entre la Copa y el Preolímpico de Tandil me quedé, pero allí (en Tandil y Mar del Plata) hubo muchas cosas que no me gustaron y, desgraciadamente, no me equivoqué. Luego se cambió tres veces de técnico, y se terminó con Roque (Máspoli) dirigiendo en la altura e, incluso, hasta me vinieron a buscar a mí.

—¿Qué cosas no te gustaron?

—Me las reservo, pero quienes estaba allí lo saben.

—Hace un tiempo hiciste unas declaraciones muy duras contra Peñarol. La mayoría de la gente no entendió muy bien cuál era la causa de ese divorcio con el club, mientras que otros la entendieron y dicen que fuiste injusto con la hinchada que siempre te ha apoyado, porque pusiste a todos en el mismo paquete.

—Quiero ser bien conciso y hablarlo por última vez porque es un tema que no me agrada discutirlo. A mí me quieren la Amsterdam, la Olímpica, la Colombes y la América pero no me quiere el palco.

—¿Las razones?

—No las tengo, alguna versión me ha llegado, como que alguno dijo que yo no puedo ser técnico de Peñarol —cosa que nunca pedí, ni pienso que por haber sido jugador tengo una prebenda para serlo— porque si ando mal dos partidos me van a silbar y les dolería. Esa es una manera de dejarme afuera y, además, siguiendo ese proceder, todos los que jugamos en Peñarol estamos descartados.

—Mucha gente pensaba que tu problema con Peñarol nació cuando se le hizo el monumento a Bengoechea, pero en el prólogo que hiciste para el libro de Pablo hablás sobre la justicia del monumento.

—Claro y no tengo duda. Yo soy una persona normal, racional, y más allá que no soy celoso, ¿cómo me iban a hacerme un monumento si nunca me hicieron un homenaje? No me hicieron una despedida e, incluso, ni me saludaron. Me fui de Peñarol como cualquier otro futbolista, pero jamás pretendí nada ni pedí nada. Pero sí quiero manifestar que hubo una cosa que me dolió enormemente y no sólo por mi sino por todos los futbolistas que alguna vez estuvieron en Peñarol, a los que no nos invitaron a conocer el Museo de Peñarol. Si el museo es de Peñarol, supongo que los jugadores algo que ver tenemos.

—¿Estás enemistado con Damiani?

—No. Yo no llamo ni hablo con los dirigentes, sé que Damiani cumple años el 10 de octubre, que nació en 1921, de eso tengo conocimiento desde que llegué a Peñarol, pero ni cuando jugaba lo llamé para saludarlo. Ese no es mi estilo, mi relación con los dirigentes pasa cuando estoy en el club, de esa manera evito las suspicacias. Con Damiani no hay relación, pero no estamos peleados; si no nos vemos, ¿cómo nos vamos a pelear?

—El domingo que Nacional salió campeón colgaste la bandera de Peñarol en tu casa.

—Sí. Cuando terminó el partido empezaron los bocinazos frente a casa y a tirarme cohetes en el frente y agarré y con uno de mis hijos colgamos la bandera.

—¿Te sentís excluido como candidato a dirigir la selección?

—Yo puedo ser candidato de la gente, como lo puedo ser en Peñarol, de la gente que no va al palco. Al no haber técnico en la selección, alguien podía haberse acercado, a mí o a otros técnicos, y haber dicho que había una posibilidad de dirigir y cambiar ideas, ahí sí me sentiría candidato, pero de esta forma no me siento candidato. Me encantaría la selección y si me la ofrecen diría que sí, nada más. Luego deberíamos sentarnos a hablar y ver cuales son las bases porque hay una cantidad de cosas para hacer. La selección es el equipo más importante y a mí no me gustaría dirigirla para aumentar mi currículum, sino para ganar.

—¿Son complicados los jugadores uruguayos?

—Todo cambia, cambió la manera de ser de la gente, pero todo pasa por la conducción; esa es la responsabilidad del técnico, que debe tener la conducción del grupo. El es el responsable de que se cumplan los horarios, del respeto mutuo, de la vida y de que se cumplan las exigencias. La conducción es un tema clave, que no pasa por la mano dura, sino por el respeto, la firmeza. Uno no debe put.... a un futbolista para que lo respete, a veces en un vestuario se levanta la voz, pero con respeto. Yo respeto al futbolista para que él me respete a mí, no es por mi cargo que yo puedo destratar a alguien. Yo no puedo hablar de horarios si llego sobre la hora, no puedo pedir que no lleven los celulares a la cancha en los entrenamientos si yo llevo el mío.

—¿Aceptarías un cargo político?

—No, porque si sos político tenés que transar; y yo no transo.

—Si alguien te diera poderes para arreglar el fútbol, ¿qué harías?

—(Se ríe y dice: "mamita mía") Lo principal es hacer campeonatos competitivos, creo que nosotros le hemos quitado importancia al fútbol nuestro, y no es de ahora, es desde hace muchos años. Necesitamos un torneo local que nos permita crecer en el ámbito del fútbol y de los jugadores. Debemos hacer campeonatos de largo aliento, no puede ser campeón alguien que gana un torneo como el Apertura o Clausura.

—¿Qué más?

—(Piensa, se acomoda en el sillón) Hay cosas que no quiero decir porque me revuelven las tripas. Pero por algo la gente no va al fútbol y no es de ahora, ya sucedía el año pasado. El tema de la televisión, que es maravillosa porque yo cuando no dirigía muchas veces me he quedado viendo los partidos en mi casa, sumado a los espectáculos no son buenos, le sacan a la gente las ganas de ir a la cancha.

"No debí jugar con Holanda"

El gol más lindo: El de chilena que le hice a Nacional en el clásico Nº 100.

El más importante: El del primer clásico que jugué el 2 de diciembre de 1973.

El gol errado que más te dolió: El segundo penal ante Colombia en la Copa América de 1975.

El título que más disfrutaste: El primer Campeonato Uruguayo.

Qué hiciste que no volverías a hacer: No tendría que haber jugado ante Holanda en el Mundial de 1974, ya que lo hice con un zapato medida 44, que era de Gustavo De Simone.

Un fracaso como futbolista: No, porque fracasar es cuando uno no da todo, aunque lo que más me dolió fue perder las Eliminatorias de 1977.

Un jugador: Pelé.

Un dirigente: Varios. Cataldi, Damiani, Bagnulo, Castro Quintela, Goldie, Ramos Costa, presidente del Valencia, y lo hubiera sido el contador Guelfi, pero no lo pude disfrutar.

Un amigo: Mi viejo, que se fue cuando más podía compartir cosas con él, ya que había dejado de jugar.

El día más feliz: En lo deportivo, en 1972 cuando jugando en River me dijeron que viajaba a Europa con la selección. En el ámbito familiar, el nacimiento de mis hijos.

El día más triste: Cuando falleció el viejo.

El mejor equipo que integraste: cuatro. El Peñarol de 1975 y de 1982, la selección de las Eliminatorias de 1973 y el de Valencia cuando ganamos la Super Copa.

Hugo Bagnulo: Un grande, yo aplico muchas cosas de él.

Un país: A pesar que no estamos haciendo muchos méritos para tener un buen país, Uruguay.


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ENSEÑANZA. En el 88, Delgado y Facal me advirtieron: "Fernando, mirá que esto no es lo mismo". No se equivocaron