EDWARD PIÑON
La cancha inundada de gurises que se revuelcan en el césped. Los brazos de un centenar de jóvenes acarician el cielo. Una mole humana hace flotar una bandera. Todo por culpa de la nueva diablura del chico (léase Danubio), que se llevó la Copa por la que tanto luchó y dejó fuera de carrera a un grande.
Que quede claro que la picardía a Danubio le demandó un gran trabajo por la soberbia batalla que le planteó Fénix, pero esa exigencia no hace otra cosa que valorar aún más el logro obtenido.
Para concretar la diablura, el dueño de casa primero tuvo que salir del asedio formidable del elenco de Juan Ramón Carrasco. Con una permanente triangulación y la insistente búsqueda de un pase hiriente al corazón del área rival, Germán Hornos casi anota a los siete minutos y Martín Ligüera lo hizo a los diez después de un "garrón" en un tiro libre.
Los nervios consumían a los hinchas en la tribuna y mucho más a los jugadores en la cancha, porque la pelota era propiedad absoluta del albivioleta. Claro que en el mismo escenario en el que saltó a la fama futbolística y con la misma frialdad de siempre, estaba Ruben Da Silva y eso, sin olvidar de la potencia del goleador Claudio Biaggio, fue fundamental para revertir la actuación y el resultado. Aprovechando un error de Ligüera, que perdió la pelota a la salida de su área, Da Silva lo dejó de cara al gol a Biaggio y el "Pampeano" no perdonó a los 13 minutos de juego.
Con el empate, el equipo de la franja negra también igualó el trámite del partido. Entonces el encuentro ganó en vértigo y emociones. Los dos arqueros fueron obligados a salvar su arco y la suerte también jugó para ambos elencos en otras situaciones.
Así incluso siguieron en el arranque del segundo tiempo. Primero falló Perrone ante Ignacio De León y después Ignacio Bordad le ahogó el grito de gol a Hornos.
Una fantástica jugada, realizada a toda velocidad y que incluyó un pase de taco de Hornos, fue culminada en la red por Ligüera. Pero Fénix casi que no tuvo tiempo de disfrutar el gol porque su defensa hizo agua en el juego aéreo y el "Pampa" volvió a empatar el encuentro.
En las tribunas saltaban y apoyaban, pero no se animaban a entonar el "dale campeón" porque Fénix seguía amenazando, en especial por el constante juego agresivo en ataque y por una inagotable fuente de recursos a la hora de generar fútbol.
Sin embargo, Danubio gozó también de buenos momentos. Tantos como un penal no sancionado a Biaggio, un cabezazo de Viera que sacó De León con gran atajada y un remate de chilena de Perrone que se reventó contra el travesaño.
El partido terminó como comenzó. Cambiando ataque por ataque, dejando el alma en cada jugada y demostrando que ambos tienen argumentos suficientes como para hacer daño.
Pitazo final. Empate. La cancha se inunda de gurises. El chico hizo otra diablura: se llevó la copa y echó a un grande.