Los blancos y la coalición
Angel María Gianola | Montevideo
@| “Las dificultades de los dirigentes nacionalistas para actuar razonablemente frente a la crisis que a todos nos afecta, se evidencia con la insólita propuesta de apartarse de la coalición de gobierno, ahora, dejándolo a la deriva, a fin de evitar el costo político que supone el acuerdo interpartidario.
Voces disonantes, en efecto, poco oportunas y poco convenientes, resquebrajan la unidad e impiden el ejercicio de una fuerza poderosa y gravitante, desde el interior mismo del gobierno, para torcer el timón y navegar con éxito en medio de tantas calamidades.
Hombres de poca fe, no han advertido los enormes escollos que se han superado al presente por obra y gracia del Partido Nacional, en funciones de gobierno, y no han comprendido y no han valorado la magnitud del esfuerzo patriótico realizado para impedir el derrumbe, en tan adversas circunstancias, como las que atravesamos.
Se promueve entonces un nuevo elemento de confusión y de retroceso en el momento más álgido de la penosa situación nacional, precisamente cuando comienzan a avizorarse indicios de esperanza, y cuando el apoyo solidario se torna vital para el empuje decisivo y la superación de los riesgos. Se oponen así nuevos obstáculos por motivos poco éticos, como lo son sin duda los pronósticos electorales adversos. ¡Siempre lo mismo!
Los nacionalistas, por blancos y por razón del concepto de servicio que hemos desarrollado a través de toda nuestra historia, no podemos proceder de otra manera que como lo hemos hecho, aunque hubieran razones para no hacerlo. Nuestra solidaridad con el país y con su gente nos impone el deber de cumplir con la coalición de gobierno y permanecer a su servicio, más allá de coyunturas electorales, hasta el último día del período de gobierno. Y nada debe apartarnos (salvo contingencias imprevisibles y de magnitud que hagan a nuestra dignidad como nacionalistas) de esa decisión, continuando el colosal esfuerzo realizado, aportando proyectos, propuestas, ideas, soluciones, urgiendo la acción del gobierno y sufriendo con nuestra gente, en un ejemplo de dedicación y entrega como sólo los blancos pueden y saben hacerlo.
Y esto se llama ejercicio de la responsabilidad, promoción de la estabilidad política, sustentación del sistema democrático, por nosotros y por los demás, porque sin estos logros sería impensable la estabilidad económica y la recuperación, lenta y dificultosa, pero cierta, que se avizora en el horizonte”.
El Uruguay
Raúl Casás Vázquez | Internet
@| “Comenzar diciendo que el Uruguay vive la crisis económica más importante de los últimos veinte años puede parecer un insulto al lector, por lo trillado de la frase, pero dada le realidad no queda otro remedio. Crisis que —estamos de acuerdo—tiene en parte su origen en situaciones externas en la cuales, por su ubicación en la geografía y en la economía de la región, el país no puede quedar aislado de las mismas.
Pero también hay un fuerte componente interno, ya que los responsables de turno, aquellos que por su investidura deberían estar un paso delante de las dificultades, taparon el sol con las manos y no tomaron —no pudieron, no supieron o, fundamentalmente, no quisieron tomar— las decisiones necesarias para sortear esta situación en la que hoy nos vemos inmersos la mayoría de los uruguayos.
En un país que posee una economía altamente dolarizada, y que apostó al crédito y no al ahorro, la actual situación ha destruido buena parte de los puntos altos por los cuales el mismo se sostenía. Destruyó la clase media, ya que sus integrantes vieron cómo su deuda en dólares, controlable en el contexto anterior, se duplicó y casi se triplicó por la devaluación del peso uruguayo, y que sus ingresos no sólo ya no alcanzan para mantener el mismo presupuesto básico, debido al aumento de precios, sino que la carga impositiva agregada ha hecho que los mencionados ingresos sean aún menores en moneda nacional. Destruyó la credibilidad en el sistema político, que no sólo no tuvo los reflejos para anticiparse a la situación, sino que además fue parte importante en la génesis de la misma, incitando a la gente a endeudarse en dólares para luego devaluar, unos, y generando gastos innecesarios —que pagamos todos— aún en el momento más crítico con una ceguera política que asombra, otros.
Luego están los que son parte del sistema pero dicen que no tanto —los peores—, que corroyeron y corroen la credibilidad del país y la estabilidad de este gobierno hoy casi inoperante pero legítimo, apedreando el techo una y otra vez , mintiendo muchas veces, con el único objetivo de generar resignación y resentimiento para poder llegar al gobierno, sin advertir que esta estrategia será, políticamente, pan para hoy y hambre para mañana, ya que aquellos que aprovechando la situación fueron inducidos a actuar con violencia, no dudarán en usarla contra sus mismos impulsores si éstos, en un hipotético gobierno, no son capaces de ofrecer soluciones rápidas para rescatar a la gente de la crisis.
Por otra parte, en este escenario de conflictividad y violencia política, será difícil tejer alianzas en el futuro que aseguren estabilidad al próximo gobierno, con lo cual el país seguirá empantanado.
Lo que más dificulta la necesaria salida es la falta de rumbo —ya ni hablar de proyectos de país— que uno percibe. ¿A qué nos aferramos, en qué creemos?
El Uruguay productivo fue casi desmantelado, así que por ahí, a pesar de los anuncios del gobierno, va a demorar un poco. Además, si no hay inversión, ni reglas de juego claras, no hay crecimiento productivo posible.
La patria financiera se desplomó con esta crisis que nos aqueja, y el país de servicios que algunos soñaron dejó de ser viable cuando nuestros principales clientes —Argentina y en menor grado Brasil— se cayeron o se están cayendo más abajo que nosotros.
Podríamos pensar que la apuesta es a la ciencia y a la tecnología, camino un poco lento pero posiblemente redituable. Podríamos soñar que en unos años, la política educativa de este gobierno y del anterior van a posibilitar el surgimiento de una generación brillante, que en función de una adecuada planificación educativa y con los estímulos apropiados invadirán a la comunidad científica con ideas que conviertan a Uruguay en un país de punta. Pero no. Si algo puede generar esta política educativa (Plan 96 e inventos similares), es una generación que se homogeneizó hacia abajo, aumentando la brecha entre los que pueden pagar una educación complementaria y los que no. Por lo tanto, el Uruguay que viene va a ser más desigual. Esperamos equivocarnos, pero si podemos opinar de algo con cierta autoridad, es de políticas educativas.
Wilson Ferreira Aldunate decía que el Uruguay es una comunidad de valores, que eso es lo que define al ser uruguayo. No nos separa el idioma con nuestros vecinos, ni accidentes geográficos importantes, no poseemos una historia ni una tradición milenaria, no somos todos los uruguayos descendientes de las mismas familias o comunidades étnicas. Sin embargo, exhibimos nuestra nacionalidad uruguaya en cuanto podemos, y hasta con cierto aire de ofendidos aclaramos cuando nos confunden con argentinos que “somos uruguayos”, con una suficiencia en esas palabras que sólo los uruguayos entendemos. Pues bien, si la frase de Wilson era cierta, y seguramente lo era, y si tomamos en cuenta que muchos de aquellos valores ya no los encontramos fácilmente en el grueso de la sociedad, tenemos que deducir que la comunidad uruguaya no existe, ya que buena parte de la sociedad actual no se parece a la de hace veinte años, y mucho menos a la de hace cincuenta.
Si no tenemos una comunidad uruguaya, no somos un país. Por lo menos, ya no somos “aquel” país. De aquí en adelante tendremos otro, mejor o peor, pero otro, distinto.
El Uruguay que conocimos, y el que nos contaron, ya no existe. La discusión ya no es cómo recuperamos al país. La discusión es qué país queremos construir, qué herramientas contamos para hacerlo y cómo lo vamos a hacer.
Lo primero ya nos complica, porque modelos de país no hay. El último que imaginó un modelo de país, y que no pudo —no lo dejaron—demostrar su viabilidad, fue nombrado más arriba y ya no está entre nosotros. ¡Y cómo se nota su ausencia!
En lugar de modelos o proyectos de país tenemos ideologías dogmáticas, casi religiosas, que en su extremismo son conservadoras. Para unos, por ejemplo, el Estado debe minimizarse hasta casi desaparecer. Para otros, el Estado debe ser un fin en sí mismo y estar por encima del individuo. En la teoría, porque en la práctica son más privatizadores que los primeros, pero son privatizaciones “populares, aunque no podamos entender la diferencia. En definitiva, no se trata de tamaño, sino de funciones. La pregunta es qué funciones entendemos debe cumplir el Estado, y en función de las respuestas, ver si el tamaño y la estructura son los adecuados. Hay países con Estados grandes que funcionan muy bien, y hay países con Estados pequeños que no logran crecer económicamente.
Las herramientas son los partidos políticos y sus integrantes, y las organizaciones sociales.
Los primeros, aunque nos duela, son estructuras que no han evolucionado. No es posible reconocer a un partido moderno, participativo, en comunicación con la sociedad, con espacios de opinión y de disenso, con órganos de conducción dinámicos entre los partidos uruguayos. Siguen siendo estructuras donde mandan unos pocos detrás de los líderes de turno, muchas veces divorciados de la sociedad. Por otra parte sus integrantes no han podido disimular a la “generación perdida”, ya que los doce años de dictadura alteró la formación política de los ciudadanos. Resultado, se perpetúan en el poder los políticos pre-dictadura, ya que quienes deberían desplazarlos —sucederlos, para ser eufemistas— deberían haberse formado en esos años, y la generación que sigue debe entonces asumir una tarea para la cual no tuvo modelos anteriores, salvo contadas excepciones.
La gente señala a los políticos con el dedo acusándolos de la situación, pero culpables somos todos, ya que todos somos electores o elegibles. Nadie es diputado o senador o presidente por gracia divina, sino por el voto de la gente. Y ponemos el grito en el cielo por lo que cobran, cuando lo que debemos hacer es preguntarles a nuestros representantes qué han hecho cada uno de ellos para ganarse el sueldo, como en cualquier otra actividad. Y veremos que mientras algunos cobran por ponerle nombre a una escuela, o por recorrer los caminos de su departamento, otros trabajan en la búsqueda de soluciones, que para eso fueron votados. Para visitarnos cada tanto, es preferible votar a una tía, que es de la familia y seguramente es mucho más simpática que algún parlamentario.
En cuanto a las organizaciones sociales, algunas cumplen muy bien su tarea y otras no, por varios motivos, entre los cuales se puede señalar la connivencia en algunos casos y la subordinación en otros a alguna de las organizaciones políticas existentes. Y, de todos modos, no pueden ni deben sustituir a los partidos políticos, a pesar de las opiniones militantes de algunos necios que pretenden justificar lo injustificable avalando dictaduras en algún país latinoamericano.
El cómo lo vamos a hacer va de la mano del modelo ideado. Podremos dejar que tres o cuatro “iluminados” nos marquen el rumbo, y ser conducidos como ovejas en un rebaño. Así se hizo, y así nos fue. Podemos decir que el modelo debe ser construido entre todos, y esta será la mejor manera de que nada se construya. O podremos construir un modelo de país entre muchos que piensan igual aunque estén en tiendas diferentes, con una amplia base de consenso, como debe ser una política de Estado, sin que esto necesariamente signifique un compromiso electoral. En algunos temas y con alguna gente, nos separan pensamientos enfrentados. En la mayoría de los temas, y con la mayoría de la gente, en esta sociedad concentrada ideológicamente en el centro (si existen movimientos políticos de derecha e izquierda reales, no pasan de ser manifestaciones pintorescas de poco apoyo popular), sólo nos separa la camiseta. De todos modos, los próximos gobiernos necesitarán apoyos extrapartidarios para poder funcionar, dada la realidad de nuestro sistema político.
De esto hay antecedentes, que algún medio de opinión llamó en su momento el espacio heterodoxo, y que se plasmó, por ejemplo, en la salida de la dictadura, a pesar del Club Naval, y en alguna propuesta legislativa conjunta de los senadores Zumarán y Batalla.
Debemos trabajar en dos frentes.
Uno, el inmediato, buscando soluciones a corto plazo para paliar la crisis y darle una esperanza a la gente. Esperanza que no se sustente en darle una oportunidad a los que no estuvieron en el gobierno nacional a pesar de sus contradicciones sólo porque no han estado, sino en la confianza de que los que se elijan serán los más capaces de conducir este país en este momento.
El otro, es en el que debemos pensar y plantear el país que viene, antes que lo urgente postergue lo importante. Que no volvamos a cometer errores como, por ejemplo, pedir fondos para proyectos que no existen, para luego construirlos con la urgencia de responder en qué se gastaron esos fondos. Los planes educativos —nada menos— tienen mucho que ver con esto.
Necesitamos políticas de Estado, no de gobierno.
Debe quedar claro cuál es el rumbo que el país debe tomar. Si pasa por el agro, fijemos reglas de juego y estímulos adecuados para volver a ocupar ese campo privilegiado y despoblado que tenemos. Y hacerlo con uruguayos, no con esas propuestas fantasiosas de traer chinos para poblarlo, con lo cual generaremos empleo y recursos.
Si pasa por la industria, que no se opone al agro, sino que se complementan, definamos en qué rubro va a apostar el país. No es cuestión de producir un poco de todo para después no poder vender nada de nada. Y de una vez por todas pongamos al sistema educativo al servicio del país que queremos, y no sigamos haciendo parches con falsas reformas personalistas que, además, siguen tomando el rumbo equivocado.
Finalmente, debemos trabajar en valores, que la sociedad respetuosa y educada que alguna vez supimos tener se ha desintegrado casi por completo, y comienza a aparecer en las calles el patoterismo y la violencia, que para peor muchas veces viene desde arriba. Ya que gusta tanto mirar para Argentina, miremos el futuro que nos espera si no ponemos el hombro.
En caso contrario, sólo quedan dos salidas.
Una sería que factores externos sacaran al país de la crisis, y sería algo tan probable como sacar el Cinco de Oro: es posible, pero las probabilidades están abrumadoramente en contra.
A la otra se llega por Avenida De Las Américas y se llama Aeropuerto Nacional de Carrasco”.
Consejos para el que se va
Celia V. | Estados Unidos
@| “Ser inmigrante es una tarea muy dura, pero gratificante.
Antes de emigrar infórmense sobre el país a donde van, en dónde hay más demanda de trabajo.
Aprendan el idioma, y no crean que se van a hacer ricos. Van a llevar un mejor nivel de vida y la satisfacción de poder ayudar a sus familias.
No esperen que los reciban con los brazos abiertos. He leído lo que han pasando en España y es abominable, pero eso pasa en USA y en muchos otros países. No se olviden que el problema del desempleo es mundial y los países tienen miedo de dejar a su propia gente sin empleo.
Prepárense para el mundo real. Acá hay demanda de técnicos como plomeros, electricistas. Prepárense para competir y aprovechar las oportunidades. Ustedes no tienen que venir a hacer el trabajo que otros no quieren hacer.
Pónganse metas a largo plazo. Les cuento algo: cuando llegué limpiaba oficinas por poca plata. Entonces empecé a ir a la escuela a aprender inglés, después a la Universidad. Fue duro, pero hoy gano mucho más que los nacidos aquí y trabajo bien poco.
Los uruguayos tenemos una gran cultura general y somos gente de bien, exploten eso.
Si están decididos a irse ¡adelante! Piensen en que vale la pena darle un mejor futuro a los hijos.
Y únanse a otros uruguayos, no compitan con su propia gente. Conéctense lo más que puedan, que eso abre puertas.
Nunca pierdan su identidad. No digan soy italiano (por el apellido) si nacieron en Uruguay. Digan soy uruguayo, con orgullo, que la autenticidad facilita las cosas.
Buena suerte a todos los que tienen la valentía de dejarlo todo”.
Reciprocidad
Uno que emigró | Internet
@| “Escribo esto como alguien que en varios momentos ha pensado y tal vez vuelva a pensar en emigrar. (Alguien que no se ha ido por falta de dinero).
Sé que poco importa pero la sensación general ante las deportaciones indiscriminadas de algunos uruguayos han generado un cierto malestar. En épocas oscuras de vuestra historia, llegaron aquí, a Uruguay, enormes cantidades de inmigrantes de origen español e italiano mayoritariamente. Fueron acogidos con curiosidad, respeto, cariño y hasta un moderado entusiasmo.
Después de todo, muchos estaban lejanamente emparentados con los que estaban aquí.
Hoy la situación es a la inversa.
No puedo describirles a los que nunca vivieron estas cosas lo que se ve por estos lares (y no es de los peores, por lo que he visto en Argentina, Paraguay y otros sitios), pero a muchos se nos hace curioso cómo en el momento histórico en que las necesidades se encuentran cambiadas, las actitudes están opuestas.
Sé que este paisito mediocre y pseudoculto es una contradicción deliciosa en términos históricos, logísticos y hasta económicos, tal vez precisamente económicos. Pero las barreras a la inmigración siempre han sido tratadas desde un ámbito cultural íbero-uruguayo o ítalouruguayo. Es inevitable. Si buceo en mis antepasados dos generaciones tengo Vascos, Catalanes, Toscanos y hasta algún austríaco.
De algún lado vinieron, se quedaron, no fueron perseguidos, no fueron manoseados (Excepto los italianos, a los que se les cambió el nombre, castellanizándolo).
Obviamente tuvieron derecho a buscar empleos, a tener documentación y a traer sus familiares, a enviar dinero hacia sus lugares de origen para los que quedaron, eventualmente traerlos y eventualmente volver con lo que habían ganado aquí con su esfuerzo. Enorme esfuerzo. Medianamente me conocen, sé que los que se van no son generalmente los mejores expositores de una sociedad, no siempre), pero ¿no existe algo así como una deuda histórica?
Pienso en gente que ha estado saliendo en los diarios e informativos, deportada en Barajas sin casi pisar suelo español, gente que había vendido lo poco que tenía, malvendido, para buscar un horizonte mejor.
No somos tan distintos. Nuestras raíces y orígenes son comunes, nuestro idioma, nuestras costumbre y hasta nuestras dietas son similares. No quiero ni pensar cómo les irá a los pobres marroquíes, y me pregunto cuántos españoles han emigrado a esos países para que decidan volver a las raíces de sus antepasados...
Realmente creo que nos deben la libre radicación en España e Italia. Pero claro, nuestras autoridades consulares están demasiado ocupadas en sus festicholas para dedicarse a este tipo de problemas serios. Todos conocen a alguien que está “acomodado” y es cónsul aquí o acullá, persona de gran cultura, muy simpático...pero ¿ese es el paradigma uruguayo?”.
Desidia
C.W.T. | Internet
@| “A quienes por nuestro trabajo, recorremos la periferia de Montevideo (o vivimos en ella), no sólo nos llama la atención la “miseria” (algo más que pobreza) provocada por la falta de trabajo (especialmente del parque industrial). En estos días hemos podido ver una tragedia, muy lamentable, de la pérdida de “un hijo” de este país, tragado por una “boca de tormenta” o canal con tapas (quizás sin las mismas o sin elementos de seguridad, como ser un enrejado). Bastó un “golpe de agua” para que esta lamentable trampa actuara de una forma infame. Pero esto ha puesto en evidencia que los desagües de nuestra ciudad parecen salidos de un película macabra (no sólo por la invasión de ratas, sino por las toneladas de basura que se acumula en su interior y hacen inefectivo su funcionamiento).
En la avenida Garzón, un día de lluvia, un padre casi pierde a su pequeña hija al tratar de cruzar la calle inundada y faltar la tapa del saneamiento (que fue quitada por personal de una empresa para una futura reparación, que demoró varios meses). Aquel padre si no hubiera tenido a su hija tomada de la mano, casi seguro que hubiera sido otra tragedia inconcebible (en un país en serio).
¿Qué nos pasa? ¿Ni siquiera somos capaces de mantener una ciudad en condiciones con una administración que lleva más de 12 años? ¿Qué podemos argumentar a nuestros hijos para que no se vayan de este país (que apenas somos 3 millones y nos sobra territorio), en donde no sólo falta trabajo, sino que parece faltar la armonía y la dignidad de la vida?”.
Invitación
Mario Kelland Verdino | Cardona
@| “La Escuela Nº 54 “Francisca A. Arnal de Artigas” de Cardona se encuentra preparando los festejos de su 75 aniversario de labor fecunda.
Ante la imposibilidad de llegar personalmente a todos los ex alumnos que pasaron por sus aulas, invita por este medio a compartir el Acto Protocolar en el local escolar, el domingo 27 de octubre a las 10.30 horas y posterior almuerzo del reencuentro en el Club Social Cardona.
A los efectos de una mejor organización, la Comisión de Festejos solicita a todos los interesados, confirmar su presencia antes del miércoles 16 de octubre, en la propia escuela o por el teléfono (0536) 9075 o escue54@aldeafutura.com.
El valor del ticket para el almuerzo es de $ 30, solicitándose traer menage.
Porque es gratificante y necesario, y porque no deberíamos perder nuestra capacidad de soñar, de sorprendernos, de disfrutar de lo simple, volvamos por un día. Hoy, más que nunca, LA ESCUELA NOS ESPERA!!!”.
Damiani
Efraín Lorenzo | Estados Unidos
@| “Quiero enviarle un saludo por este medio al mejor presidente de la historia del glorioso Club Atlético Peñarol, contador José Pedro Damiani. Siga adelante Presidente, usted es un fenómeno y lo queremos siempre a la cabeza de la institución, aunque tenga muchos contras. Estos quieren dejar a nuestra gloriosa institución como al tradicional adversario: fundidos”.
Telenovelas
C.I. 1.653.718-6 | Internet
@| “El motivo de mi mensaje es poner en evidencia la arbitrariedad con que se manejan algunos canales de televisión. En este caso se trata del Canal 4 el cual levantó dos telenovelas que se emitían en el horario de las 15 y 16 hs, supuestamente por falta de audiencia. Estas dos telenovelas fueron gratamente elogiadas en el canal E! recientemente en un especial llamados “Telenovelas venezolanas”. Lo que no se entiende de la medida es que fueron sustituidas por otras dos novelas también venezolanas con casi los mismos actores así que yo me pregunto ¿con esta también harán la prueba y luego la levantarán sin más?
Pido se tenga consideración y se pase el final de las mismas en un horario menos popular, o un compendio en el fin de semana”.