11 DE SETIEMBRE. Con lágrimas en los ojos, el Presidente anunció desde una biblioteca escolar a alumnos, maestros y a la nación lo que acababa de ocurrir
Las primeras imágenes las vio Bush en una escuela
11 de setiembre: Conmemoraciones, recordatorios y medidas de seguridad extremas por el aniversario del día que cambió el mundo
SARASOTA, Florida I AP
Cuando la caravana presidencial de automóviles se acercaba a la escuela primaria Emma T. Booker la mañana del 11 de setiembre, la directora Gwen Tose´ -Rigell temía que las pesadas limusinas aflojaran las losas del camino que conducía a la entrada.
Bush había elegido esa escuela de uno de los barrios más pobres de Sarasota ciudad sobre el Golfo de México para lanzar una campaña nacional de promoción de la lectura, y Tose´ -Rigell quería que todo saliera a la perfección.
No podía prever que Booker que daría vinculada para siempre con horrendos atentados terroristas que ya se habían iniciado, y esperaba nerviosa el momento de recibir al comandante en jefe.
Bush, acompañado por el secretario de Educación, Rod Paige, el vicegobernador de Florida, Frank Brogan, y otros funcionarios, pensaba asistir a una clase de lectura de segundo grado conducida por la maestra Kay Daniels y luego hablar de su iniciativa desde la biblioteca escolar. Era, en fin, una visita presidencial de rutina.
Pero hubo un cambio de planes: después de la lección, desde el estrado de la biblioteca, Bush informó a la nación que unos terroristas habían estrellado aviones de pasajeros contra las torres gemelas del Centro de Comercio Mundial en Nueva York. Luego se fue, y maestros y alumnos se quedaron mirando los noticieros en los televisores de la escuela y reflexionando sobre su papel en esa historia.
UNA LLAMADA. Tose´-Rigell dice que comprendió que algo estaba mal apenas Bush salió de su auto y fue a una sala habilitada especialmente donde recibió una llamada. Luego la convocaron a esa sala para que hablara con el presidente.
"Dijo que un avión comercial chocó contra el Centro de Comercio Mundial y que vamos a seguir adelante de todos modos, con lo de la lectura", recuerda la directora escolar. "En ese momento pensé que querían ponerlo al tanto de un suceso importante, pero no gigantesco".
En el aula de Daniels, Bush se sentó entre 16 escolares de segundo grado. Los periodistas que viajaban con el presidente y otros de la prensa local se situaron en el fondo del salón.
Minutos después, el jefe de personal presidencial Andrew Card cruzó el aula, se inclinó y dijo al oído del presidente que se trataba de atentados terroristas.
Bush vaciló un instante antes de tomar nuevamente el libro.
"Cuando Andy Card entró en la sala y susurró al oído del presidente Bush, supe que se trataba de algo drástico, porque eso no debía suceder", dice Daniels. "Había cámaras de televisión en el aula. Pero yo sabía que debía continuar la lección. En ese momento me di cuenta de que el presidente Bush se había ausentado mentalmente".
CON LAGRIMAS. Después de la lección, Bush llamó a Tose´ -Rigell y le dijo lo que sabía. Añadió que debía partir, pero antes hablaría a la nación desde la biblioteca.
"Damas y caballeros, este es un momento difícil para Estados Unidos", dijo Bush. Los maestros y los alumnos de quinto grado que estaban más cerca vieron que brotaban lágrimas de sus ojos.
"Las caras de los maestros que yo veía, mis colegas parados detrás del presidente en ese momento, todos parecían aturdidos", dice la maestra de quinto grado Tracey Gauch, que estaba sentada adelante con algunos alumnos.
Stevenson Tose´ -Rigell, hijo de la directora y en ese momento alumno de quinto grado, estaba detrás del estrado. Su cara aparece en las fotos en las que Bush informa a la nación sobre los ataques.
"Creo que debido a esto, la vida de todos nuestros compañeros de escuela ha cambiado para siempre", dice el chico de 11 años. "Vamos a aparecer en los libros de historia. Dentro de 20 o 30 años, la gente va a abrir los libros de historia y ver que el 11 de setiembre, el presidente Bush estaba en la escuela primaria Emma E. Booker".
Su madre, como muchos norteamericanos, sintió mayor respeto por el presidente a partir de ese día.
"El tipo es mucho más despabilado de lo que yo pensaba, porque respondió al instante", dice. "Mantener la calma, dar una respuesta, serenar a los niños, decir lo que tiene que decir, es una gran carga sobre los hombros".
Un año después, Tose´ -Rigell y los maestros aún se enorgullecen de haber sido elegidos para la visita presidencial. Saben que es un reconocimiento a los logros de alumnos que suelen llevar una vida difícil.
Para recordar el día, los alumnos montaron una exhibición que incluye dos libros con fotos tomadas por los fotógrafos de la Casa Blanca y una nota personal de agradecimiento de Bush. Las fotos del caos en Nueva York acompañan los retratos de niños y maestros que preparan, felices, la recepción al presidente.
"El tiempo y el destino nos alcanzan a todos", dice Daniels. "Sucedió justamente cuando el presidente Bush estaba en nuestra escuela. Era nuestro turno para recibirlo. Trágicamente, sucedieron otras cosas ese día sobre las cuales no teníamos control".
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