LUNES 2 de setiembre de 2002- Año 84 -Nº 29120
Internet Año 7 - Nº 2230 | Montevideo - Uruguay
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Reflexiones
Una dolorosa lección para las multinacionales europeas

Carlos Alberto Montaner

Dos de las mayores instituciones bancarias españolas, el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria y el Santander, han sido sorprendidas con las manos en la masa. Financiaron ilegalmente la campaña de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. El BBVA, de acuerdo con los informes de prensa, aportó un millón y medio de dólares, y el Santander un millón ochocientos mil. Aparentemente, el dinero no salió de las arcas centrales de estas empresas, sino de filiales situadas en paraísos fiscales donde algunos bancos esconden su dinero negro y llevan a cabo otras trampas millonarias.

Creo comprender lo que ha sucedido. La gran banca española, con solidada durante el franquismo, viene de una larga tradición de complicidad con el poder político. Tras la muerte de Franco esa alianza no terminó sino se multiplicó. Los bancos financiaron a todos los partidos de la etapa de la transición: conservadores, socialistas y comunistas recibieron dinero para costear sus actividades. Unas veces eran préstamos legítimos, pero otras, se trataba de donaciones disfrazadas como pagos a consultorías fantasmagóricas. Ni si quiera había una conciencia muy clara de que esas prácticas eran ilegales.

TRAFICIO DE INFLUENCIAS. No fue hasta la década de los ochenta que el código penal español incluyó el delito de tráfico de influencias. Después, poco a poco, se fueron deslindando los campos y surgió una mejor comprensión del fenómeno: si España quería ser una nación del primer mundo tenía que someter a toda la sociedad al imperio de unas reglas claras y sin excepciones.

Sin embargo, las normas que se acataban en España podían ser violadas en el extranjero. Por supuesto, el pago a Chávez no se trataba de un desinteresado gesto de solidaridad ideológica, sino de un acto de corrupción. Las dos entidades operaban o planeaban operar en territorio venezolano, y esos aportes a la candidatura del coronel probablemente les garantizarían acceso a negocios privilegiados y a otros chanchullos sospechosos. Era un delito que abría las puertas para cometer otros actos ilegales con total impunidad. Felizmente, la alcantarilla se desbordó y la justicia española, que cada día es más seria y rigurosa, comenzó a actuar, y es muy probable que unos cuantos banqueros y ejecutivos inescrupulosos acaben en la cárcel.

También es posible que esa investigación contribuya al encausamiento de Chávez y a su eventual salida del poder. Es fácil anticipar la visita del juez Baltasar Garzón a Caracas para llegar al fondo del asunto e interrogar al señor Chávez y a otros de sus cómplices. Es verdad que estas empresas españolas no hacían algo muy diferente a lo que hacen ciertas corporaciones importantes del mundo corromper, sobornar, comprar privilegios , pero ésa es una línea de defensa tan débil como si el abogado deL estrangulador de Boston hubiera tratado de justificar la con ducta de su cliente invocando las metódicas carnicerías del Destripador de Londres. Si algunos alemanes, franceses, italianos o norteamericanos incurren en esa clase de conducta, eso sólo prueba algo que ya sabemos: hay que estar vigilantes porque el mundo está lleno de bribones dispuestos a enriquecerse violando las reglas.

Sin embargo, al margen de la cuestión puramente legal y ética, estamos ante un caso clarísimo de falta de sentido común por parte de estas empresas financieras españolas. A fines de la década de los noventa, resultaba obvio que el golpista Chávez era un enemigo de la democracia y de la economía de mercado. Ya había explicado su delirante adscripción a la Tercera teoría universal ese bobo galimatías fascistoide escrito por Gadaffi en El libro verde, y se entretenía en perfilar unos planes faraónicos destinados a crear unos ejes y polos de desarrollo que cambiarían para siempre el signo demográfico, urbano e industrial de los venezolanos. Chávez, claramente, era un revolucionario de la subespetructivas de cuantas componen esa fauna feroz e infatigable.

LECCION FUNDAMENTAL. ¿Cómo pensaban estos banqueros españoles que podía desarrollarse su gobierno? ¿No era absolutamente previsible que el chavismo conducía al desorden, al conflicto, a la inflación y a la parálisis económica? ¿Qué sentido tenía sobornar a un gobernante disparatado para posicionarse de manera destacada en el manicomio que se avecinaba? ¿A quién le cupo en la cabeza que una entidad bancaria seria paradójicamente, tanto el BBVA como el Santander lo son casi siempre podía operar eficientemente en medio de una sociedad sacudida por las perturbaciones que se anunciaban en el horizonte?

Tal vez es hora de que las empresas multinacionales españolas, no sólo las bancarias, aprendan una lección fundamental: la economía de mercado no puede sustentarse en las trampas. A Marx le debemos la falsa premisa de que el gran capital moderno se forjó durante una siniestra etapa de acumulación basada en el despojo y el atropello de los débiles. Y no es así: el capitalismo es el resultado del cumplimiento de los contratos y de la sujeción al Estado de Derecho. La corrupción no fomenta el capital, sino destruye los cimientos de la convivencia y acaba por empobrecer al conjunto de la sociedad. Si la única forma que tenían el BBVA y el Santander de entrar o permanecer en Venezuela era mediante la compra de uno de los candidatos, sencillamente, no tenía sentido invertir en ese sitio tan sucio y peligroso, inevitablemente encaminado al fracaso.


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