LAS COLUMNAS
Nacionalismos
H.A.T.
En una de las columnas regulares de este diario (agosto 12) quedó escrito que los hermanos Louis y Auguste Lumire eran "acreditados en todo el mundo (menos en Estados Unidos) como inventores del cine".
Ese día, un lector llamó por teléfono, con cierta alarma.
Pedía aclaraciones y datos, porque no podía creer que en Estados Unidos se ignorara a los Lumire.
Y la respuesta a esa inquietud era que no hay que entender aquella frase con exageración.
No existe ningún manifiesto norteamericano contra los Lumire ni tampoco los historiadores americanos del cine ignoran esos nombres.
Pero es cierto en cambio que Francia y Estados Unidos manejan con distintos acentos el invento del cine y su evolución.
En Francia se da por resuelto que el cine nació el 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Lumire hicieron una proyección de sus cortos en un local de París.
Cien años después, los franceses homenajearon esa fecha con actos variados.
Uno de los planes de 1995, que debió tener proyección internacional, fue encargar un nuevo film, que se titularía "Lumire and Company, "recopilando cortos filmados con una c mara primitiva (de 1896) por el griego Theo Angelopoulos, el chino Zhang Yimou, el inglés James Ivory, el americano Spike Lee.
De diversas maneras, el año 1895 quedaba subrayado.
Pero había discrepancias.
Hace ya una década, el Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos (o USIS) distribuyó a la prensa un hermoso folleto de homenaje al cine.
Era necesario guardarlo.
Tiene ochenta páginas de 34 por 26 centímetros, lujos de color, de fotografía, de diseño, de papel y de impresión, más una tapa donde la cifra "1893 "está dibujada en un cuadrilátero de 22 por 12 centímetros y funciona como título del volumen.
La primera frase explica que "El cine nació con la presentación gráfica y dramática de un estornudo", "suceso personal de un oscuro actor de vodevil llamado Fred Ott, ante una cámara de la empresa de Thomas Alva Edison, en 1893.
En las ochenta páginas del folleto, el año 1895 no aparece.
El texto del prestigioso historiador Arthur Knight, que cubre el cine de un siglo, sólo incluye películas americanas y sus fotos.
En cuanto al nacimiento del cine, Knight recuerda el antecedente del fotógrafo E. Muybridge y después menciona por cierto a los Lumiere, pero en un solo párrafo donde también se acumulan los antecesores del invento (Marey, Le Prince, Friese Greene, Armat) y después los creadores de cámaras y accesorios, como los hermanos Skladanowski (Alemania), Robert Paul (Inglaterra), el mismo Thomas Armat (Estados Unidos), aunque allí faltó una mención más para W.K.L. Dickson, colaborador de Edison, que inventó una de las cámaras para rodaje y proyección.
El folleto americano de Knight debió ser un fastidio en las bibliotecas cinematográficas de París.
Omitía el culto a los Lumire.
Algo similar ocurre con la Enciclopedia Británica, que pese a su nombre se edita en Chicago.
Tanto en el largo informe sobre Thomas Alva Edison (Macropedia, tomo 17) como en el que recorre la historia del cine (Macropedia, tomo 24), se puntualizan antecedentes y consecuencias de los variados inventos, con el acento puesto en Edison.
Allí figura el Kinetograph creado por Dickson (1893), que grababa imágenes en celuloide, a lo largo de unos quince metros.
En seguida aparece el Kinetoscope (1894) que permitía ver aquellas imágenes móviles por la mirilla de una caja, o sea una función para un solo espectador, ansioso de contemplar durante unos minutos a un acróbata, un malabarista, un domador de serpientes o una chica en malla de baño.
Ambos datos son previos a 1895.
En el informe de la Enciclopedia sobre historia del cine, el profesor David A. Cook (Universidad Emory, Atlanta) señala que Edison no se ocupó de patentar sus inventos en el extranjero y así ocurrió que una exhibición del Kinetoscope en París llevara a que los hermanos Lumire se apoderaran de la idea, sin obstáculos legales, mejorándola en sus laboratorios.
En rigor, lo que inventaron fue la manera de proyectar imágenes sobre una pantalla, ante un público que se asustaba porque se veía venir un tren sobre su butaca.
Esa alarma de 1895 quedó fijada como el invento del cine.
Tal competencia entre naciones, sin declaración de guerra, siguió después en revistas y libros.
Los americanos pudieron lanzar nombres como Edwin S. Porter, D.W. Griffith, Mack Sennett, Hollywood, más docenas de estrellas y la fabricación del celuloide por Eastman Kodak en Rochester, New York.
Los franceses invocaron la expansión de los Lumire, que mandaron operadores a filmar en todo el mundo, y después a Georges Mélis (que improvisó fantasías), a Charles Pathé, a Louis Feuillade y a Max Linder, que creó comicidad y fue un modelo para Chaplin.
Pero junto a la competencia también hubo colaboraciones.
Hacia 1950, el avance de la televisión llevó a Hollywood a idear espectáculos que la pantalla chica no podía ofrecer.
Alguien se acordó de una lectura.
En Francia, un oscuro físico llamado Henri Chretien (1879-1956) había inventado en 1927 un lente anamórfico, que comprimía la imagen en sentido horizontal, lo que permitía grabarla en un fotograma común y expandirla después.
Era el camino para un cine en pantalla ancha.
Durante 25 años Chretien había fracasado en la colocación de su producto, pero en 1952 lo vendió a la 20th Century Fox y ésta creó el Cinemascope, lanzado en varios cortos y en el largo "The Robe "(El manto sagrado, 1953).
Sin embargo, el nombre de Chretien no figuró en la inmensa promoción que la Fox realizó en su momento.
Después no figuró en la Enciclopedia Británica, donde tampoco hay un suelto para el francés Max Linder.
Ese lapsus informativo es compartido por Chaplin, que en su Autobiografía (1964) no menciona a Linder, entre una docena de omisiones egoístas.
Así se escribe la historia.
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