LUNES 2 de setiembre de 2002- Año 84 -Nº 29120
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Otra ópera pese a todo
L´OCA DEL CAIRO FUE OTRA RAREZA EN LA TEMPORADA INVERNAL DEL SODRE

Crítica Eduardo Roland

Crítica Eduardo Roland

L´OCA DEL CAIRO

Opera inconclusa de Mozart con libreto de Giambatista Varesco

Adaptación y puesta en escena. Juan Desiderio

Dirección orquestal. Carlos Weiske

Orquesta. Ossodre

Fecha. 14 de agosto, Sala Brunet

La puesta en escena de "L´oca del Cairo" fue una rareza dentro de la Temporada de ópera que el Sodre viene desarrollando este invierno contra viento y marea, en el entendido de su necesidad luego de años sin actividad operística oficial.

Porque para empezar se trata de un proyecto inconcluso: un solo acto de los dos proyectados por Mozart en 1783, y también porque nunca se había montado en Uruguay, es más, el estreno sudamericano fue recién en octubre del año pasado en San Pablo con un montaje a todo lujo en los los jardines de la mansión donde funciona la Sociedad Paulista Bea Esteve

Pero aterrizando en la capital uruguaya en estos tiempos de crisis, el estreno de "L´oca del Cairo" no podía escapar a los parámetros de austeridad y falta de recursos, como pasó con "La traviata "y "El matrimonio secreto".

Consciente del material con que disponía, el director escénico se jugó a una puesta clásica, con los mínimos movimientos posibles de la escenografía y poniendo énfasis en lograr un buen rendimiento de los personajes cuyo canto es parte fundamental del alma de la ópera.

El complemento musical lo traería la orquesta, como traductora de una partitura mozartiana que nada tiene que envidiarle a las páginas de "Don Giovanni "o "La bodas de Fígaro".

De todas maneras, sabiendo las dificultades que podía traer un argumento que necesariamente deja cabos sueltos por su carácter trunco, se tomaron algunas precauciones para orientar a los espectadores en la acción teatral; en parte cambiando el orden de algunas escenas y también por la presencia de una pantalla al costado del proscenio, en la que el público podía leer parte de la trama cuando se producía un corte marcado por el cambio en la acción.

Ahora bien, de poco sirvieron estas precauciones durante la función a la cual asistió quien escribe la segunda y última, ya que el diseño de luces prestablecido funcionó fuera de control, esto es, desajustado respecto a lo que ocurría sobre la escena.

Por lo tanto, además de los perjuicios estéticos (por ejemplo cantaba un personaje y el foco principal iluminaba a otro), esto complicó bastante el seguimiento de la trama por parte del espectador.

En definitiva, el desperfecto fue fatal para el disfrute de la pieza, en tanto la escenografía era fija y los objetos debían aparecer y desaparecer por juegos de luces.

Y aunque uno supiera que determinada escena tenía lugar en exteriores (por ejemplo en los alrededores de la torre donde el marqués había encerrado a las dos mujeres), confundía que los personajes ingresaran a escena por la misma puerta cancel que utilizaban para entrar al interior de la sala principal de la residencia del Marqués.

LOGROS. Sin duda que lo mejor de esta puesta de "L´oca del Cairo" fueron las actuaciones de los cantantes.

Tanto los barítonos Gustavo Balbela (Chichibio) y Alejandro Bertiz (Marqués de Ripasecca) como las sopranos Sandra Silvera (Celidora) y Anabela Varela (Lavina) tuvieron perfomances parejas y destacadas durante la hora y media que duró la obra inconclusa.

En general los recitativos resultaron fluidos, dotados de frescura, mientras que a nivel de las arias, fue notable la romanza interpretada por Sandra Silveira (Celidora), quien exhibió una expresividad lirico-dramática de altos quilates.

Cuando la nota final de la romanza aún no había dejado de sonar, se hicieron sentir los aplausos m s fervorosos de la noche.

Por su parte, la orquesta tuvo un desempeño irregular, aunque los pasajes correctamente logrados fueron mayoría.

Sólo en una oportunidad el volumen de la masa orquestal eclipsó el canto al principio, luego seguramente el director dio un golpe de timón para controlar que el primer plano estuviera en las voces y el segundo en la música.

Así, de ahí en más cada vez que ambos planos se superpusieron, la ecualización sonora fue perfecta.


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