Nada nuevo. Como lo sabe cualquiera, de General Motors para abajo, también los ejecutivos pueden ser despedidos y quedar sin trabajo, extremo en el cual se asombran y se quejan más vistosamente que los empleados inferiores. De esa emergencia se ocupa esta comedia escrita por el suizo Urs Widmer, un dramaturgo que pertenece al primer mundo pero tiene tanta conciencia de las penurias del desempleo como sus mejores colegas tercermundistas. El planteo está debidamente veteado de un humor corrosivo, como conviene a la caricatura de seres que creen estar por encima del prójimo pero el día menos pensado se caen de ese pedestal. Entonces sufren una mezcla de estupor, sorpresa y rabia que en los mejores pasajes de Top Dogs aparece estampada como corresponde por un autor dotado de ojo crítico. La pieza está dividida en doce cuadros breves y no parece casual que los más punzantes sean aquellos en que dos personajes intercambian sus papeles en medio de la acción, aludiendo con ello a unos yuppies que se creen verdugos pero también pueden ser víctimas, aunque anotando asimismo las angustias (reversibles) de un matrimonio donde cualquiera de los dos puede padecer ciertos reveses e insinuando por fin la despersonalización que acarrea un mercado laboral cada día más apremiante, más duro y en definitiva menos humano.
La obra no siempre es eficaz, porque se alarga un poco más de lo aconsejable, incurre en dos o tres cuadros algo machacones y cerca del final tiene un par de culminaciones (sobre todo una proclama coral) que podría dejarse por el camino ventajosamente. Pero le dice al espectador algo que está en el orden del día de muchísimas familias, aquí y en cualquier otro lado, de manera que será difícil encontrar sectores de público insensibles a esta farsa sobre el desempleo, que en buena parte del texto está planteada con la debida acidez y con flechazos de ironía. La puesta en escena de Gustavo Adolfo Ruegger trabaja habilidosamente ese material, realza las intenciones de la pieza cuando conviene y afila el humor para que tenga los alcances burlones e hirientes que asoman unas cuantas veces en ese desfile de gente bien vestida que exhibe más compostura por fuera que por dentro.
El acierto de Ruegger no se limita a los tonos y ritmos, sino que se amplía al dinamismo del diagramado, incluyendo los varios momentos de coreografía (coordinados por Levon) que hacen caminar velozmente, luego correr y después tropezar entre sí a la cuadrilla de personajes, como en la vorágine de los mercados más competitivos donde la gente --incluso la gente de corbata y saco-- debe pelear para sobrevivir hasta el delirio de una aceleración que no perdona. El director tiene ocurrencias para acentuar esos efectos, incluyendo la instancia final donde los ejecutivos terminan cayendo unos sobre otros como si la dureza de unas condiciones de vida que se consideran civilizadas, terminaran en una regresión a la ley de la selva con su impulso más bárbaro y canibalizador.
Hay otras punterías en la ambientación sonora de Renée Pietrafesa, cuya percusión golpea igual que las inclemencias que envuelve, y ese acierto se amplía al vestuario de Soledad Capurro, que viste casi de negro a todo el mundo, uniformando así a una gente de mentalidad igualmente masificada, cuyos ejemplares nunca dudan de que el hábito hace al monje. Pero hay destellos mayores en un elenco cuyo rendimiento promedial cabe acreditar a los esmeros de la puesta y donde están muy bien Elisa Contreras, Juan Worobiov y Miguel Pinto, rinden en estupendo nivel Andrea Davidovics, Oscar Serra y Juan Alberto Sobrino, y alcanzan por último un nivel de gracia y de intención fuera de lo común las labores de Levón y Daniel Spinno Lara, dos actores cuya puntería, comicidad e inteligencia saben crecer juntas, gozosamente.
CRITICA | JORGE ABBONDANZA
TOP DOGS.
Autor. Urs Widmer. Versión española.
Philip Rogers.
Dirección. Gustavo Adolfo Ruegger.
Escenografía. Enrique Badaró.
Vestuario. Soledad Capurro.
Luces. Carlos Torres.
Ambientación sonora. Renée Pietrafesa.
Coreografía. Levón.
Elenco. Elisa Contreras, Andrea
Davidovics, Miguel Pinto, Juan Alberto
Sobrino, Levón, Daniel Spinno Lara,
Oscar Serra, Juan Worobiov.
* Sala. Alianza Cultural Uruguay
Estados Unidos.